Hechos 16: Algunas mujeres estaban reunidas allí y nos sentamos a hablar con ellas. 14 Una de ellas se llamaba Lidia, era de la ciudad de Tiatira y vendía tela de púrpura. Ella adoraba a Dios y nos estaba escuchando. El Señor abrió su corazón para que pusiera atención a lo que Pablo decía. 15 Entonces ella y todos los de su casa se bautizaron.

Cuando leemos la historia de Lidia, podemos ver un ejemplo muy hermoso de una representación exclusiva de la fe. Una mujer que entendió el propósito de Dios y abrió su corazón para que el Señor entrara a su casa. 

Una mujer entendida en los tiempos, sin necesidad de caer en la necedad del sistema, sino más bien de comprender su momento oportuno para entregarse a Dios, y permitir que la salvación llegara a su familia. 

Dice la biblia que Lidia tenía una ocupación, o un negocio, era vendedora de tela purpura, pero esto jamás le cohibió para entregarse al Señor.

Quiero rescatar algo para reflexionar; hoy en día las mujeres deseamos a todo pulmón ser seres multifacéticos haciendo miles de cosas la a vez; y no está mal, el problema radica cuando todo lo que hacemos lo sobreponemos ante Dios, y en vez de convertirnos en una Lidias que actuaron a favor de su casa, terminamos siendo unas Marthas, siempre afanadas y preocupadas. 

Vamos a estudiar lo que Lidia representaba como mujer. Primero, habla de una mujer  inteligente, temerosa de Dios. Lo segundo, fue una mujer prudente que escuchaba atentamente lo que Pablo estaba diciendo. 

Lidia entendió lo primero: Entregó su corazón y su casa a Dios 

Hechos 16: 15 Entonces ella y todos los de su casa se bautizaron. Luego ella nos invitó a su casa y dijo: «Si ustedes piensan que yo soy una verdadera creyente del Señor Jesús, entonces vengan a quedarse en mi casa». Ella nos convenció y nos quedamos en su casa.

Lidia nunca dijo que estaba muy ocupada para buscar a Dios, nunca menospreció la palabra recibida, nunca se dejó llevar por el empoderamiento femenino, creyendo que no hacía falta nada más, ella sabía que lo que aquellos hombres decían era el Cristo que ella necesitaba. 

Fue tal su conversión, que Lidia buscó preparar un espacio para recibirles en su hogar, porque sabía que algo diferente había llegado a su vida. 

Y esta es la concepción que como mujeres debemos tener. Y es que ante cualquier cosa debemos entregar el corazón a Dios, y permitir que toda nuestra familia tenga un acercamiento al padre. 

Todas tenemos la capacidad de reproducir lo que Dios nos ha entregado, y así como Lidia con su negocio no menospreció la voz del eterno, así debe pasar con nuestras nosotras, no menospreciar el llamado de Dios. 

En ocasiones, por el simple hecho de ser mujer, pensamos que debemos controlar y hacer todo a la vez. Y en ocasiones perdemos lo primero, que es escuchar la voz divina del padre. 

Nuestras ocupadas agendas nos llevan al límite, siempre buscando el hacer y el hacer, perdiendo el enfoque de nuestro ser, limitando lo que realmente somos. 

No necesitas mostrar todo lo que eres o lo que haces, solo debes entregar tu corazón a Dios, escucharlo con atención y mostrarte siempre como la mujer sabia, prudente e inteligente que eres. 

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