Números 11: 1Un día los israelitas comenzaron a quejarse a oídos del SEÑOR de los problemas por los que estaban pasando. El SEÑOR los escuchó y se enojó tanto que envió un fuego que incendió los alrededores del campamento.

Si definimos el concepto exacto de la queja, podemos decir que es la manifestación o estado de inconformidad que siempre tiene una persona. Ahora bien, si nos centramos desde el enfoque espiritual, la queja suele nacer desde la frustración, malestar o un daño que hemos percibido, de una situación o persona. 

Te has topado con personas que les molesta la lluvia, el sol, se fastidian y se amargan fácilmente; personas completamente irritables que parecen no llenarse con nada y viven siempre desde el poder de la queja que producen sus labios. 

Estar o convivir con una persona así de seguro crea mucho malestar; ahora bien debemos preguntarnos si somos nosotros los quejosos, o es alguien que conocemos. De todas maneras, o trataremos de solventarlo y apoyarnos en vivir con un espíritu afable y lleno de libertad. 

La queja es terrible, porque son esas palabras que llenamos de rabia, de desilusión, de apatía, desanimo, frustración, que nos aleja primero de Dios y luego de la gente, porque en ocasiones todos preferimos vivir lejos de personas que emplean la queja como forma de vida. 

Podemos tener muchas excusas para quejarnos, incluso podemos responsabilizar a otros, pero la queja es solo algo que alimentamos desde nuestro espíritu. 

¿Qué hace una persona quejosa?

La persona que comúnmente se queja, toma algunas características como estas:

  1. Vive siempre en conflicto: Por ejemplo, el pueblo de Israel vivía en un eterno conflicto con Moisés y empleaban siempre la queja como lo mejor de su lenguaje. Cuando alguien siempre tiene un problema en su corazón, muchas veces lo manifiesta contra otras personas, y son incapaces de desarrollar relaciones sanas, pues siempre buscan crear problemas y conflictos en todo lugar. 
  2. Todo lo ven negativo: Cuando dejas de ver a Dios y las grandezas del Señor, todo lo que verás son cosas negativas. La persona que vive desde el poder de la queja nunca encontrará un motivo para agradecer, al contrario siempre lo verá todo muy oscuro y desolado. 
  3. No logran ver lo sobrenatural de Dios: El pueblo de Israel, Dios los bendecía en medio del desierto, pero su enfoque negativo era tan grande que solo podían ver lo que les hacía falta, y empleaban una vez más la queja como mecanismo de acción. 
  4. Nunca agradece y se victimiza constantemente: La persona que no sabe agradecer, por lo general siempre se siente insatisfecho con lo que tiene. Si tiene casa vive quejándose porque no es la casa de sus sueños, pero no agradece por la que tiene. Esto solo hace que se alimente un espíritu fuera de lo que realmente quiere Dios, y es que hablemos siempre desde el agradecimiento. 

La queja es perturbadora, y cuando la empleamos sin motivo, ni razón alguna, entonces veremos todo muy gris, muy oscuro y no le daremos valor a lo verdaderamente importante. 

He visto como personas dentro de la sala de cuidados intensivos de un hospital suelen ser más agradecidos que aquellos que pueden vivir libremente, sin estar atados a una máquina. 

La queja te deja encerrado en la circunstancia 

Job 10: »Odio mi vida, voy a soltar todas mis quejas y daré rienda suelta a mi dolor. Le diré a Dios: “No me condenes; dime, ¿de qué me acusas?

No quiero criticar el proceso de Job, porque realmente todo lo que vivió según la biblia, sí que es merecedor de unas cuantas quejas. Pero si podemos rescatar algo, y es que la queja que el pudiera sentir y emitir ante Dios nunca lo iba a hacer sentir mejor, al contrario, solo le iba dar riendas sueltas a la amargura, la rabia y el dolor. 

Quejarnos es perder el tiempo y nunca nos ayudará a alcanzar nada en nuestra vida, ni siquiera a poder cambiar la atmosfera; al contrario nos dejará atrapados en la circunstancias.  

El tiempo que perdemos desde la insatisfacción de la queja, lo pudiésemos usar siendo más productivos, más trabajadores, más enfocados en las soluciones; para no permitir que este sentimiento nos haga vivir encerrados. 

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