¿Sabías que las águilas son unas de las aves más admiradas y respetadas por su belleza, fuerza y libertad? De hecho, por ello, la Biblia usa el símbolo del águila para describir algunas características de Dios y de su pueblo. 

En el libro de Job, leemos que Dios le pregunta a Job: “¿Se remonta el águila por tu mandato, y pone en las alturas su nido? Ella habita y mora en la peña, en la cumbre del peñasco y de la roca.” (Job 39:27-28). 

Estos versículos nos revelan que Dios es el creador y el señor de las águilas, y que ellas tienen una forma de vida especial que las distingue de otras aves. Pero, ¿Qué podemos aprender de las águilas para vivir como hijos de Dios?

Comparados como águilas

La Biblia nos compara con las águilas en varios pasajes. Por ejemplo, en Isaías 40:31, leemos: “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” 

Este versículo nos enseña que Dios nos da la capacidad de renovarnos y de superar las dificultades con su poder. De igual forma, así como las águilas vuelan alto y se elevan por encima de las tormentas, nosotros podemos confiar en Dios y elevarnos por encima de los problemas que nos agobian. Dios nos llama a vivir una vida sobrenatural, llena de su gracia y de su gloria.

Otro pasaje que nos compara con las águilas es Deuteronomio 32:11, donde dice: “Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas.” 

Con ello, se nos revela como Dios es como un padre amoroso que cuida de sus hijos. Es decir, que, así como el águila protege a sus crías y las enseña a volar, Dios nos protege y nos capacita para cumplir su propósito. También, Dios nos llama a vivir una vida segura, bajo su cobertura y su dirección.

Sin embargo, aún hay más por aprender de estos animales y como Dios nos compara con ellas.

Debemos llevar nuestras luchas al cielo para que dios luche por nosotros

Las águilas son aves de presa, que cazan y se alimentan de otros animales. Sin embargo, no siempre tienen una vida fácil, pues a veces, tienen que enfrentarse a enemigos que quieren robarles su comida o su territorio. 

En esos casos, las águilas usan una estrategia muy inteligente: llevan la batalla al cielo. Esto es debido a que ellas saben que tienen una ventaja sobre sus adversarios en las alturas, donde pueden aprovechar su visión, su velocidad y su agilidad. Es de esta forma que logran vencer a sus oponentes o hacerlos desistir.

Nosotros también tenemos que luchar contra enemigos que quieren destruirnos o desviarnos de la voluntad de Dios. Estos enemigos pueden ser el diablo, el mundo o nuestra propia carne. Pero no tenemos que temer, porque Dios nos ha dado una estrategia para vencerlos: llevar la batalla al cielo. 

Esto significa que debemos orar y clamar a Dios, reconociendo que él es el único que puede librarnos y defendernos. La Biblia nos dice: “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, y veas caballos y carros, y un pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto. Y cuando os acerquéis para combatir, se pondrá en pie el sacerdote, y hablará al pueblo, y les dirá: Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová, vuestro Dios, va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros.” (Deuteronomio 20:3-4). 

Esto implica tener una batalla de altura, es decir, desde la perspectiva de Dios, en donde nuestros problemas son insignificantes y donde la batalla ya está ganada gracias al poder que tenemos en Cristo. La razón de ello, es que, desde las alturas, es decir, desde los lugares celestiales con Cristo, Dios nos llama a vivir una vida victoriosa, confiando en su poder y en su fidelidad.

Habitar en la peña (en la presencia de Dios)

Las águilas tienen un lugar especial donde construyen sus nidos: la peña. La peña es una roca firme y elevada, que les ofrece seguridad, protección y visión, donde las águilas pueden descansar, reproducirse y observar el panorama. Es decir, que la peña es su hogar, su refugio y su fortaleza, el sitio indicado donde también pueden criar sus polluelos.

Nosotros también tenemos un punto especial donde podemos habitar: la presencia de Dios. Esto implica que Dios es nuestra roca, nuestro refugio y nuestra fortaleza, y en él podemos encontrar seguridad, protección y visión. 

La Biblia nos dice: “Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste.” (2 Samuel 22:2). Por lo tanto, de las águilas aprendemos que Dios nos llama a vivir una vida íntima, disfrutando de su presencia y de su comunión.

Entender que nacimos para volar y no para caminar

Las águilas son aves que nacieron para volar y no para caminar, y prueba de ello, es que ellas tienen unas alas grandes y poderosas, que les permiten desplazarse por el aire con rapidez y elegancia. Es decir, que ellas no se conforman con arrastrarse por el suelo, sino que buscan las alturas, donde pueden sentir la brisa y el sol. 

Ellas no se limitan por las barreras terrenales, sino que exploran el horizonte, donde pueden ver más allá de lo común, ni se acomodan a lo ordinario, sino que aspiran a lo extraordinario, donde pueden manifestar su esplendor y su majestad. Pero, de la misma forma, nosotros también somos seres que nacimos para volar y no para caminar. 

Dios nos ha dado unas alas espirituales, que nos permiten movernos por el reino de Dios con libertad y gracia. Por lo tanto, nosotros no debemos conformarnos con vivir según la carne, sino que debemos buscar las cosas de arriba, donde está Cristo. 

Tampoco debemos limitarnos por las circunstancias temporales, sino que debemos explorar las promesas eternas, que Dios nos ha dado. Es decir, que no debemos acomodarnos a lo mundano, sino que debemos aspirar a lo celestial, donde podemos reflejar la imagen y el carácter de Dios. 

La Biblia nos dice: “Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 1:6). Esto implica que Dios nos llama a vivir una vida trascendente, mostrando su reino y su sacerdocio.

Conclusión

Las águilas son unas criaturas maravillosas, que nos inspiran a vivir como hijos de Dios, pues nos enseñan a renovarnos, a confiar, a habitar y a volar en la presencia y el poder de Dios. Pero, también nos desafían a no conformarnos con lo que vemos, sino a creer en lo que esperamos. Ellas nos invitan a no caminar por vista, sino por fe y a vivir como gallinas, sino como águilas. ¿Estás dispuesto a vivir como águila?

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