Juan 14:21 “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Cada uno de nosotros deberíamos preguntarnos cuál es la motivación para obedecer los mandamientos de Dios, aunque muchas respuestas pueden llegar a nuestra mente, pero la correcta es el amor.

Este sentimiento es la razón principal, cuando un intérprete de la ley le pregunto a Jesús cuál era él “gran mandamiento” Jesús le dio una respuesta contundente basándose en la obediencia por amor Mateo 22:36-39. En otro momento Jesús dijo 3 veces a Pedro que si le amaba realmente debía obedecerle Juan 21:15-17.

Todos los versos anteriores abren el panorama y nos dan un medio y un porque para demostrar amor al Padre, y es la obediencia a su palabra de una manera sublime. Sin ningún tipo de temor y con la confianza de que este amor es recíproco y que trae bendición a nuestras vidas. Deuteronomio 28:2 dice “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”.

Cuando cumplimos la palabra también de Dios, somos edificados y maduramos en nuestra fe, y es que algunas veces no sabemos la razón por la que se nos da un mandamiento en particular; sin embargo, demostramos nuestra confianza cuando le obedecemos a pesar de no entender la razón ni su propósito para nuestra vida.

El amor no está satisfecho solo con recibir

Cuando amamos deseamos el bien de esa persona, decidimos hacer de todo para agradarle y demostrar lo real de nuestro sentimiento, esto es aún más intenso para con Dios; tenemos la necesidad de obedecer su llamado y demostrarle todo nuestro amor Él ha hecho tanto por todos, que le obedecemos porque el amor nunca está contento con solo recibir.

El amor siempre quiere dar más, Jesús dijo en Juan 14:15Si me aman, obedezcan Mis mandamientos.” Nuestra desobediencia no solamente rompe las leyes de Dios, sino también nos alejamos de su corazón. Si le amamos deseamos estar lo más cerca que podamos y en sintonía con su palabra.

Nuestro amor y nuestra obediencia están intensamente unidos. Nuestras acciones y nuestros corazones están entrelazados. Un corazón que ama a Jesús, es ferviente con respecto a sus enseñanzas, no le sigue de manera superficialmente, busca lo profundo de manera definitiva. Realmente no podemos amarlo sin obedecerle.

La obediencia sin amor es realmente legalismo

En Juan 14:23, Jesús dice: “El que me ama, obedecerá Mi Palabra.” La obediencia a Dios es la evidencia infalible de un amor supremo y sincero por Él. La obediencia sin amor es religión.  Muchas personas escrupulosas de conciencia buscan cultivar disciplinas en sus vidas, para poder ser más obedientes a Cristo y ser aceptados por Dios, y esto es un grave error.

Por más efectivas que las “disciplinas espirituales” puedan ser en nuestra vida, nunca podrán reemplazar nuestro amor por Dios. Porque el amor es disciplina, Dios mira más allá de los hábitos piadosos, más allá de una vida moral y mucho más allá de la participación en la iglesia. Jesús examina nuestro corazón. Marcos 7:6 Y Él les dijo: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «ESTE PUEBLO CON LOS LABIOS ME HONRA, PERO SU CORAZÓN ESTÁ MUY LEJOS DE Mí”.

La clase religiosa en los tiempos de Jesús eran expertos en legalismo, seguían a Dios por normas o “cultura” o tradición; sin entender a profundidad de lo que hacían y lo que significaba para sus vidas, y es por esto que cada encuentro con Jesús narrado en las escrituras es tan importante para nuestras vidas como lo fue para ellos en su momento. No podemos caer en el mismo error.

Dios permanece en nosotros cuando cumplimos su palabra

Juan 14: 23Le contestó Jesús: —El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra morada en él”.  Al mostrar amor por medio de la obediencia a la palabra sentimos dentro la convicción de que estamos en su presencia siempre. Vivir conforme a la voluntad de Dios nos hará más sensible a su presencia y a su amor. 

Dios promete estar siempre en nuestra vida cuando le amamos, y Él es la prioridad en nuestras vidas; Proverbios 8:17Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.” Su amor y presencia siempre estarán cuando por, sobre todo, sin importar nada decidamos cumplir su palabra.

A lo largo de la oración en Juan 17 vemos el deseo de Jesús de que seamos obedientes en amor al Padre y que podamos permanecer en su presencia, él promete seguir acompañándonos en este andar. Es maravilloso leer las palabras de Jesucristo en esta oración pidiéndole al Padre que nos permita permanecer delante de Él.

1 Juan 2:5 dice, “El amor de Dios se ha perfeccionado verdaderamente en el que obedece Su Palabra, y por esto sabemos que estamos en Él.” Una evidencia clara de que nuestra vida está en Dios es cuando cumplimos su palabra en nuestro corazón y con nuestras acciones y que claramente solo podemos lograrlo a través de Jesús.

Cristo es el único puente entre nosotros y Dios, también es el mejor ejemplo de obediencia en amor a Dios, él cumplió su palabra sin importar lo difícil que fuera, tuvo circunstancias difíciles, enfrentó y venció tentaciones y tomó decisiones siempre siguiendo la voluntad de Dios; y el mismo prometió estar con nosotros siempre. 

Seguir su ejemplo requiere de un corazón que desee agradar a Dios, una voluntad que se incline hacia la obediencia, y una mente que busque siempre la dirección de Dios. 

Cultivemos el hábito de obedecer en toda situación, a veces es difícil, a veces no entendemos, nadie dijo que sería fácil, pero amar a Dios también es obedecerle. A la larga somos bendecidos siempre por el Padre cuando le amamos y procuramos cumplir su Palabra.

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