Marcos 9:35. Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Todos deseamos ser partícipes y obtener un mérito que sorprenda a los demás, pero Jesús nos ha enseñado completamente lo contrario. Pero Jesús en este pasaje nos da una máxima bien grande de lo que es el servicio. 

Servir a Dios enteramente es complejo porque debemos de ser tan humildes como Jesús y tan únicos como Dios, mantener la balanza se nos hace complicado cuando no estamos en oración y mucho más, cuando estamos en entornos completamente adversos. 

Y es que Dios necesita esos corazones que están dispuestos a cambiar su ritmo de vida, para obtener una vida mucho mejor.

Humildad y servicio de corazón 

Filipenses 2:5-7 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,  el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. (Preferible leerlo hasta el verso 11)

Tenemos que recordar y reflexionar todo lo que hizo Jesús para que Dios le otorgara como el triunfo del bien sobre el mal. Jesús seguía los mandatos de Dios a cada instante, oraba, predicaba y enseñaba. 

Rectificó a las personas que necesitaban una voz de aplomo para entrar en conciencia y cambiar; sin embargo, siempre interactuaba consecuentemente con personas de todo estatus y tipo de vida de esa época. Y todo lo hizo mediante la humildad que prevalecía en él, aun estando en su lecho de muerte.

Por lo que nos enseña que debemos de ser igual que él, no debemos ostentar con esa manta de soberbia a la que muchas veces sin querer nos colocamos. La mejor manera de practicar la humildad es haciéndola florecer en nuestros corazones, eso hará que Dios se sienta complacido y nos observe como futuros herederos de la nueva vida que nos tiene como regalo. 

La bondad de Jesús nos refleja que debemos de entregar con el corazón y no con el pensamiento, porque es ahí cuando el reflejo del mismo espíritu se revela ante nosotros y sabremos por conciencia propia que no somos verdaderamente humildes.

Vivimos para servir como Jesús lo hizo  

Mateo 20:28. Así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Pocas veces vemos cuando Jesús es tratado como un príncipe, cuando conocemos que es hijo de Dios y que es un príncipe de vida. Pero es que si indagamos a profundidad, la gran mayoría de las veces, Jesús fue quien sirvió extensivamente a los demás, nunca le interesó cuál era su apellido, de que etnia venía, de que país era o que practicaba, si era rico o pobre, si era adulto o era joven, si era mujer o era hombre. 

Hasta logró lavarle los pies a sus seguidores, siendo él el mensaje de la nueva vida ante los demás, ¿No podemos hacer lo mismo nosotros? Por supuesto que sí, debemos ayudar incansablemente a las personas que nos rodean, siendo amigos o no. 

Ayudar al más necesitado en estos momentos es crucial para la salvación del mundo y para nosotros, como lo hizo en su momento Jesús. 

Porque él fue quien nos enseñó a dar el todo por el todo, porque nuestra vida se la debemos a él y a Dios, por lo que debemos recurrir a darles la nueva oportunidad de la vida a los demás como hicieron con nosotros.

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