Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

No sé si alguna vez te has puesto a pensar que hoy puede ser el último momento de nuestras vidas, que hoy puede ser ese último suspiro, o puede ser el último suspiro de quienes amamos. 

Hay personas que no les gusta hablar de esto, hasta que viven en carne propia lo que es ese último momento. 

En muchas ocasiones vivimos afanados por las cosas superfluas de la vida, por la codicia, por el afán, el amor al dinero, o por otras cosas que podemos decir que son “elementales”, pero que realmente no tienen un efecto trascendental en nuestras vidas. 

Muchos se alejan de sus familias, por buscarles un futuro mejor, y por cuestiones de la vida se van de este mundo, sin haber disfrutado sus últimos momentos junto a la gente que amaba.

Puede que te parezca exagerado, pero todos los días debes levantarte de la cama pensando ¡qué pasaría si hoy fuera mi último día!

 Ten por seguro que cuando reflexionas de esta manera, podrás aprender a disfrutar de todo lo que está a tu alrededor. Amarás con extremo, darás ese beso, ese abrazo, esa caricia, que deseas dar. 

Dejarías a un lado la amargura, la depresión, el odio, la obstinación, y aprenderías que en cada persona, en cada cosa que vez, hay un detalle de Dios para nuestras vidas. 

Puede que existan procesos o tormentas en nuestras vidas que nublan la fe, pero nada será más grande que la Gloria de Dios, que consuela, libera, y bendice. Que nos arropa con su amor y nos muestra sus bondades. 

Si supieras que hoy fuera tu último día, vivirías con más intensidad, más pasión, más amor. Dejarías de comparar tu vida con el éxito de otros, dejarías de atormentarte por lo que otros piensen o digan de ti.

Saborearías los placeres de la vida con una expectativa diferente, dejarías de quejarte, de amargarte, y de afligirte. Entenderías que las pruebas no son el final, solo son pequeños peldaños que fortalecen nuestra fe. 

La vida es efímera, y lo mejor que podemos hacer mientras tenemos la virtud de respirar, es viviéndola al máximo. 

Toma ese viaje, haz esa aventura, sal de tu zona de confort, emprende ese negocio, arriésgate a formar una familia, ten un hijo, abraza a tus seres amados con fuerza, suelta el móvil, perdona a quien te ha ofendido, pide perdón a quien has herido, y grita a todo pulmón tu libertad. 

Deja de preocuparte, y ocúpate en ser una persona feliz, apasionada, libre, y dedicada a Dios. Que nada te turbe, porque el amor de Dios te acompañará todos los días de tu vida.

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