1 de Timoteo 5: 8 Aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los incrédulos.

El apóstol Pablo le da unas cuantas instrucciones a Timoteo sobre cómo debería ser la vida de un cristiano, o creyente en Dios. Le habla de la pureza, de la oración, y en el capítulo 5 versículo 8, recalca la labor de la familia. 

Como personas que decidimos seguir a Dios, debemos tener muy claro que el primer ministerio que el Señor nos entrega se llama ¡Familia!, y en todas las historias de la biblia, vemos como Dios, no llamó a hombres solo, Dios usó a familias completas. 

Es decir, Abraham fue el padre de la fe acompañado de Sara su mujer, e Isaac su hijo, porque Dios constituye siempre familias. 

Ahora bien, actualmente la sociedad nos ha hecho pensar o creer que este valor de familia está subestimado y no está bien. Como personas que compartimos un mismo hogar, la misma sangre, e incluso el mismo apellido, debemos entender que un requisito fundamental es cuidar de nuestros seres amados. 

Si descuidamos este primer ministerio, entonces estamos negando la fe. En tal sentido, debemos siempre pensar en lo maravilloso que es cuidar de quienes amamos, y la recompensa que esto traerá para nuestra vida. 

Es así como no podemos decir amar al prójimo, sino soportamos a los que conviven con nosotros. No podemos pretender ser “serviciales” con el prójimo, su aborrecemos y maltratamos a los de nuestra propia casa. 

La tarea debe empezar en casa, es allí cuando empiezas a ser compasivo, servicial, amoroso, y misericordioso, porque esa es la primera tarea de todo Cristiano. 

Como sabrás, no todos deben tener el mismo pensamiento, no todos deben ser iguales, pero si deben caminar en el poder del uno, con un mismo sentir, un mismo corazón. 

Que en tu hogar fluyan los frutos de amor, mansedumbre, paz, gozo, bendición, prosperidad, amor, fe, esperanza, y comunión con Dios. Nuestros hogares deben ser altares para Dios, y eso lo cosechamos de la relación que tenemos con los que nos rodean. 

No permitas que la división se entrone en tu casa

Una de las herramientas que usa Satanás en nuestros hogares es la división. El enemigo busca cualquier excusa para hacernos caer en conflicto y problemas, para vivir siempre sumergidos en un ambiente de hostilidad.

Cuando una casa opera dividida, cuando los padres no se pone de acuerdo, cuando no se camina bajo una misma visión, entonces vendrá como consecuencia problemas tormentosos, que nos alejarán cada vez más de Dios. 

Dios nos creó para vivir en comunión, y ante cualquier circunstancia debemos acudir al padre para desenmascarar la división y operar en el poder del acuerdo, solo así veremos la grandeza de Dios.

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