Hoy vamos a hacer este estudio basados en la historia de Abel y Caín, está la encontrarás en el capítulo 4 del libro de Génesis. 

Abel y Caín, los dos tenían dos labores muy distintas. En la historia nos relata que hubo un día en que ambos debían entregar su propia ofrenda, y esto fue lo que sucedió. 

3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5 pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

El primer pensamiento de Caín pudo haber sido la envidia, porque aunque él también tenía la oportunidad de agradar a Dios con su ofrenda, él prefirió dar de forma mezquina, o basado en su propia opinión y no se ensanchó. 

En la historia, vemos como estos traen ofrenda al señor, y vemos cómo todo se trata de un asunto de obediencia. Lo podemos observar cuando Abel presentó una ofrenda agradable a Dios, de lo mejor del fruto de sus rebaños, pero Caín presentó lo que creyó que era mejor; allí vemos el primer argumento. 

Y eso no es todo, dice la biblia que luego Caín se molestó porque el Señor vio con agrado a Abel. Pero el Señor le hace una primera alerta a Caín: 

6 Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? 7 Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

Todo se traducía en un asunto de obediencia, el asunto era priorizar a Dios en el lugar que debía estar en su corazón, si no ahí estaba el diablo para usurpar ese lugar. 

Caín tomo la decisión incorrecta que fue matar a su hermano, esto lo hizo vivir como errante en la tierra, aun con deseos e intentos de suicidio que no resultaron en nada.

8 Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. 9 Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

Esto terminó para él en cuatro maldiciones; no prosperaba en nada, no tenía tierra, no encontraba fruto de su trabajo, era un errante, producto de una mala decisión.

11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. 13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado.

No sé si usted se podrá dar cuenta que a veces las grandes puertas de cosas negativas en nuestras vidas, se abren por pequeñas decisiones, y las grandes puertas para el acceso de lo bueno, también se nos cierran por pequeñas decisiones.

Las pequeñas decisiones son como esas pequeñas bisagras, que aunque parecen insignificantes, son las que sostienen el gran peso y la belleza de una puerta, son las que permiten que se nos abran o cierren puertas en nuestras vidas.

Así son las decisiones, son las bisagras que nos permiten abrir una puerta para una mayor dimensión de lo que Dios quiere traer a nuestras vidas.

No hay nada peor que aceptar a Cristo y con él una religión, en vez de aceptar su Reino. Una religión te da un culto, un pastor, un cura, el agua bendita, más nada.

El Reino te da una ciudadanía, te da las leyes de ese Reino, junto con esto aceptas el gobierno de ese rey, por eso entiendes que no te puedes seguir manejando bajo los códigos de este mundo, sino bajo los códigos del Reino.

Eso no incluye cómo me conduzco en una reunión, sino como me debo conducir todos los días de mi vida y en todos los lugares donde voy, lugar de estudio, trabajo, negocio, familia.

Antes de conocer a Cristo nuestra tendencia era a la degeneración, porque la verdadera regeneración está en Cristo.

Por eso tenemos una lucha que es continua, constante, es algo de todos los días. Esa lucha es con la concupiscencia de la carne. Por eso hay que morir todos los días.

Y el morir implica deshacernos de todo aquello que va en contra de Dios y comenzar a obedecer, sólo así podemos alcanzar la plenitud del señor en todas nuestras esferas. 

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