Romanos 12:21 “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.”

Leer este versículo hace recordar una historia que quizás hayas escuchado. Se trata de un hombre que tenía dos perros de pelea, uno blanco y otro negro. Él todos los días lanzaba a sus perros a la pelea y siempre apostaba y ganaba. 

Un hombre curioso le preguntó una vez: Señor, ¿Cómo es que usted siempre sabe quién va a ganar? El dueño de los perros le respondió: Pues, es que yo soy el dueño de los perros, a lo que el hombre curioso vuelve a preguntar: ¿Qué tiene que ver esto?, a lo que el dueño respondió: Como soy el dueño, si quiero que gane el blanco, alimento más al blanco y dejo pasar hambre al negro. Pero, si quiero que gane el negro, lo alimento más y dejo pasar hambre al blanco.

Esta historia se asemeja mucho a lo que sucede en nuestro interior. Es por ello que el apóstol Pablo les escribe a los romanos que no se dejen vencer por lo malo, sino que venzan con el bien el mal. El apóstol está consciente de que debido a nuestra naturaleza humana, estamos divididos internamente entre las dos vertientes del bien y del mal.

Siempre hay algo que nos impulsa a hacer lo malo, como siempre hay algo en nuestro interior que nos impulsa a hacer el bien. Esto último es debido a que Dios nos ha dado el regalo de la conciencia, la cual nos ayuda a distinguir el bien del mal. Pero, también nos ayuda a saber cuándo hemos transgredido los valores morales que están como un código en nuestro interior.

Sin embargo, muy pocas veces nos damos cuenta o prestamos atención sobre cuál de los dos lados está ganando la batalla en nuestro interior, si el bien o el mal. La razón de ello, es que estamos viviendo nuestra vida de manera muy sencilla o simple. Sin prestar atención a que lo que alimentemos es siempre lo que triunfará.

Por eso, el apóstol Pablo recomendaba que no dejaran que el mal venciera. Es decir, si tú no quieres que el mal te venza, lo que debes hacer es alimentar el bien en tu vida. De hecho, esta debería ser una práctica diaria que debería tornarse un estilo de vida.

Esto no implica que será algo que debamos hacer por nosotros mismos, debido a que somos seres que tenemos una naturaleza pecaminosa, que inconscientemente nos hala en contra de Dios. Debido a ello, si dependiera de nuestra naturaleza, viviéramos toda la vida alimentando lo malo y por lo tanto, lejos de Dios. Esto es de hecho lo que quiere nuestra carne y se opone a las cosas buenas de Dios.

Gálatas 5:17

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Sin embargo, cuando nos acercamos a Dios y estamos en su presencia, dejando que Él nos lave de todo lo malo, entonces alimentamos lo bueno y a la naturaleza espiritual que quiere acercarse a Dios. Además, si esto se convierte en un hábito diario, beneficiando que nuestro espíritu esté fortalecido para vencer lo malo dentro de nosotros.

Hoy la invitación, es que no solamente dejes de hacer lo malo, sino que también hagas lo bueno. Recuerda, esto no se trata solamente de dejar de hacer algunas cosas, sino de comenzar a hacer todas las cosas correctas para hacer morir el mal en nosotros.

Cada día, tendrás una oportunidad nueva para ver la mano de Dios en tu vida y hacer el bien guiado por Él. 

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