Hebreos 12: “15 Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos;

Sí que es vivir en prisión cuando no podemos sacar de nuestro corazón sentimientos tan fuertes como la amargura. Muchas veces nos excusamos en decir, ¡Soy así por lo que viví!, y entonces no renunciamos y nos condenamos a vivir atados a la amargura. 

Que difícil será avanzar en nuestra vida cuando nuestro corazón sólo vive lleno de amargura. Y qué difícil es aún más vivir con una persona que solo tiene rabia para dar porque no ha dejado que Dios convierta su corazón de piedra, en un corazón de carne. 

El semblante oscuro, las palabras ásperas, el mal humor, la rabia incontrolada, las palabras maldicientes, y la ira, no nos habla de una persona que tenga un carácter fuerte, al contrario, quien actúa así solo es una persona de carácter débil, que no ha dejado tratarse por Dios y esto le hace mucho mal. 

Seguramente te has topado con una persona que se molesta por todo, que todo le causa rabia, indignación, o molestia. Para quienes no somos así, esto puede llegar a ser una tortura, pues qué difícil es lidiar con alguien que todo lo ve mal, que todo le causa un mal, y que no se ha atrevido a dejar a un lado toda raíz de amargura para acercarse al señor. 

Incluso, muchas veces hemos escuchado de personas que dicen “amar a Dios”, pero dejan que en ellos crezca y se desarrolle una raíz de amargura que no llevará para ningún bien. 

Le haces un mal a los demás 

No pienses que la amargura solo te hace daño a ti, cuando no dominas lo que sientes estás haciéndole un mal a todo los que te rodean. 

Un hombre iracundo, amargado y angustiado, solo podrá crear un espíritu de rechazo en sus hijos, esposa y amigos. Hay un momento donde el amor tolera, pero luego esto se convertirá en una carga y de allí es que debes salir. 

Cuando una mujer se amarga por cuestiones del pasado, no entiende aun que es una nueva criatura y todo lo reprocha, lo juzga, lo critica, y llena su boca de maldición, amargura, y murmuración, entonces solo está creando un ambiente tóxico que no le permitirá avanzar. 

Lo que puede ser peor, es decir que amamos y servimos a Dios, pero con mezclas en nuestro corazón. Con esas pequeñas raíces de amargura, que si se sigue regando, luego se convertirá en un gran monstruo dentro de nuestro corazón. 

Analicemos un poco, ¿te sientes bien siendo así?, ¿crees que está bien airarse de la nada?, ¿crees que las palabras maldicientes no harán su efecto?, ¿crees que está bien molestarse por todo?, seguramente tu respuesta es ¡NO!, pero si comprendes que vivir así no procede de Dios, entonces porque sigues errando, porque sigues en este mal camino que no solo daña tu fe sino también la fe de otros. 

Efesios 4: 31-32 

31 Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. 32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Ahora bien, no existe una oración que una persona pueda hacer para librarte de esa cárcel. Esto es un proceso personal con Dios, donde tú debes pedirle al señor que te haga libre. No vamos a llegar a la estatura del varón perfecto, pero si debemos caminar con un corazón cercano a Dios, y si dejamos que la amargura brote en nosotros, entonces lo que estamos haciendo es pecar y alejarnos de Dios. 

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