En la fe, en el caminar, en el transitar de la vida, siempre nos encontramos personas débiles. Son esas personas débiles en sus propias creencias, o aquellas que se dejan llevar por las corrientes del sistema, o que simplemente no entienden todo con respecto a la fe. 

Romanos 14: 1Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2 Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. 

En la versión Palabra de Dios para Todos, la biblia dice:  Reciban bien en su grupo a los que tienen dudas y no dejen que esas dudas sean motivo de discusiones entre ustedes. 2Unos creen que se puede comer toda clase de alimentos, pero otros que tienen dudas creen que solamente se pueden comer verduras.

En nuestro caminar siempre encontraremos personas que tienen duda, incluso, que podrán hasta dudar de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, pero esto no puede ser motivo de discusiones. 

Tal vez Jesús quería que sus discípulos tuvieran la misma fe que él, mientras el Señor hacía su ministerio, pero no fue así. Tuvo que batallar con momentos de incredulidad, o miedo a los que a veces se enfrentaban. 

Cuando vemos que alguien no manifiesta la fe como nosotros, o no camina al ritmo que nosotros caminamos, esto no puede ser motivo de crítica, burla, o juzgar. Al contrario, debemos respetar  a los que aún no entienden el camino, y no saben avanzar. 

Ante cualquier escenario, no podemos desarrollar nuestra fe con un espíritu de superioridad ante los demás. El nivel de superioridad, u orgullo, no puede permitirnos desarrollar una fe plena con Dios, porque siempre estaremos pensando en aquellos que no lo hacen igual a nosotros. 

Romanos 14:  El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. 4 ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

Realmente, quienes somos nosotros para juzgar. Creo que no ha sido la tarea que Dios nos ha encomendado, porque cada uno de nosotros debemos aprender a vivir nuestra propia vida, y dejar el señalamiento hacia los demás. 

Si oras con fuerza, no critiques al que no lo hace, pues enséñale cómo hacerlo. Si predicas con fuerza, con pasión, no juzgues al que no lo hace, pues solo debes inspirarlo. 

En este capítulo de Romanos podemos ver que Dios no hace acepción de personas, y él es el único que tiene la potestad para juzgar nuestros pasos, entonces, ¿Qué ganamos con juzgar a los demás?

Una vida entregada a Dios

Lastimosamente, en la fe también encontramos personas que solo caminan por alcanzar un nivel de aceptación a los hombres. Pero se olvidan sutilmente de Dios. 

Romanos 14: 8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

Debemos comprender que vivimos para Cristo, solo el señor puede llevarnos a nuevos escenarios en nuestras vidas, y debemos comprender que lo primero que debemos buscar agradar es el corazón de Dios. 

Cuando entiendes esto, podrás experimentar una fe plena, aquella que está lejos de los señalamientos, las críticas, del menosprecio a los demás. 

Ten siempre en cuenta que no todos están dispuestos a caminar a nuestro ritmo, o con nuestra armadura de fe, pero esto no es excusa para el señalamiento incisivo que a veces realizamos. 

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