Quedarnos atrapados en lo que vemos puede ser motivo de un estancamiento total, puede llevarnos a la miseria, la ruina y el fracaso, puede hacernos incluso hasta tropezar. 

La vida de un cristiano nunca estará exenta de momentos difíciles, al contrario, siempre será un constante aprendizaje, muchas veces llenas de pruebas, dificultades y procesos difíciles de asimilar. Ante todo esto, quedarnos observando las circunstancias y no actuar es lo que nos puede llevar a mermar y a estancarnos en la fe. 

Si una persona se detiene a ver la circunstancia, se detiene por el pasado, por lo que vivió, o por las heridas de fe, ¿Qué podrá alcanzar en su vida?

Muchas veces como cristianos nos detenemos a ver las circunstancias, pero pocas veces aceptamos, o entendemos que Jesús se puede glorificar a través de ellas. 

Por eso la biblia dice en Eclesiastés 11:4  “El que mira el viento no sembrará, el que mira las nubes no cosechará”. 5 Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.

Pasamos tanto tiempo viendo lo que está en contra, y no viendo lo que Dios puede hacer. 

Pasamos tanto tiempo afanados viendo el diagnóstico médico, aplicando a la ciencia, tomando medicamentos, pero pocas veces pedimos al Señor que se glorifique en medio de ello. 

Perdemos tanto tiempo preocupados en lo que nos hace falta, en lo que no hemos podido lograr, en aquello que nos atrapa y nos condiciona, pero pocas veces aplicamos la fe y dejamos que el Señor haga su parte. 

Ignoramos a Dios y nos dejamos llevar por nuestra lógica. Ignoramos su capacidad sobrenatural y muchas veces confiamos en nuestras habilidades. Estamos ante una sociedad que solo camina escéptica, buscando a un DIOS libertador, pero confiando poco en la libertad. 

¿Pudiésemos conocer los caminos o misterios de Dios?, muchas veces no, pues Dios siempre actúa de forma sorprendente, pero pudiéramos dejar en algún momento que el señor nos sorprenda. 

Quedarnos atrapados en la fe no soluciona nada, activar nuestra fe si nos ayuda mucho. Es demasiado inútil buscar saber cómo Dios hace las cosas, pero no podemos olvidar que ante cualquier circunstancia su poder es infinito. 

Entonces, la pregunta es ¿Cuál es nuestra actitud?, vivimos aferrados al temor, o le damos participación a Dios. 

Muchas personas quedan atrapadas en áreas de su vida solo por temor. Hay quienes vivieron un divorcio, son jóvenes, y por el miedo a otra experiencia similar, cierran su vida a la restauración. 

Hay mujeres que tuvieron un embarazo complicado, y por miedo a pasar por el mismo momento, deciden no tener más hijos, pues vivieron lo que tenían que vivir. 

Muchos jóvenes solteros, por miedo a mostrar sus sentimientos, son capaces de dejar que el amor de su vida se vaya. Y si vamos a decisiones más trascendentales, hay quienes dejan sueños, planes, y proyectos a la deriva, por miedo. 

Arriesgarse no es una palabra que muchos valoren, pues hay quienes no están dispuestos arriesgarse a asumir nuevos retos, pues solo se enfocan en lo que viven, en lo que sienten, pero no se atreven a ir a esa milla más, a dar ese paso de fe. 

Para Abraham no fue fácil recibir esa palabra de Dios, de convertirse en padre de naciones a esa edad tan avanzada, pero tuvo que aceptarlo y dar ese paso de fe. A eso lo acompañó su esposa Sara. 

Si él se hubiese detenido a ver el viento, es decir, a ver su edad y la edad de su mujer, si hubiese llenado su vida de “excusas”, entonces cómo iba a ver la palabra de Dios cumplida. 

Si Dios te da una palabra de restauración para tu casa, que ganas no aceptándose, que ganas renegando, que ganas siendo hostil. La vida es maravillosa cuando aprendes a vivir por fe, y de esta manera siempre tendrás la expectativa de que algo nuevo va a ocurrir. 

Si solo te enfocas en ver lo que sucede alrededor, o en la condición que estás, cuando podrás avanzar. Esto me recuerda a la historia de Bartimeo, este quería ser sano, pero estaba condicionado a una ceguera espiritual, por eso el maestro le pregunta, ¿Qué quieres que haga por ti?

Así a veces pasa en nuestras vidas, nos conformamos, nos acostumbramos, nos atrapamos en la circunstancia, pero nunca dejamos que el poder de Dios se manifieste.

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