Muchas veces vemos la obstinación como un problema de carácter y es muy cierto, no podemos negarlo. Pero este acto de manifestar la terquedad, rabia, capricho, puede llegar a convertirse en un pecado, o una trama satánica para nuestras vidas. 

Una persona obstinada es una persona terca, aquella que difícilmente encontrará un punto de acuerdo, que no podrá nunca conciliar o llegar a un punto ecuánime, pues su raciocinio lo llevará a pensar en que siempre tiene la razón. Y dejamos a un lado el plan que Dios tiene. 

La obstinación nos lleva a la desobediencia y puede hacernos perder el enfoque en Dios. Vamos al ejemplo de Jonás, leyendo este libro descubrí que la obstinación muchas veces es difícil de romper, es difícil de superar. Son tantas las personas que viven enfocadas en su propia razón que pueden fácilmente olvidarse de la palabra de Dios. 

Lo primero que vemos es que Dios envía a Jonás a Nínive, este se rehúsa a ir, y se va hacia Tarsis. Jonás no quería ir a Nínive porque esta era una ciudad sangrienta, era la capital del imperio Asirio. Gente pagana que no creía en Dios. Jonás no tenía miedo de ir, solo que en su pensamiento siempre estuvo la idea de que ellos no merecían la redención. 

Jonás 1: 3 Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

No fue que Jonás quiso desobedecer a Dios porqué así lo dispuso en su corazón, fue que Jonás no quería que el Señor extendiera un plan de redención a una nación que le había causado tanta opresión a su pueblo. Los ninivitas eran personas muy idólatras, por lo que para la mente de Jonás, estos no podían ser perdonados. 

Por supuesto que la terquedad de Jonás lo llevó a una situación difícil. Una tormenta, unos marinos echando suerte, hasta ser arrojado al mar, para ser tragado por un gran pez. 

15 Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor. 16 Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos.

17 Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

Jonás pasó tres días y tres noches dentro de ese gran pez. Su proceso, por no aceptar el plan de Dios sobre Nínive lo llevó a esa situación. La desobediencia de Jonás se debía a un asunto de obstinación, de no aceptar que Dios tuviera un plan con esa ciudad. 

Muchas veces así pasa con nuestras vidas, nos volvemos personas tercas y obstinadas porque no entendemos el plan de Dios. Nos aferramos a lo que está en nuestra mente, y dejamos a un lado el pan de Dios. 

Pero la historia no culmina allí, Jonás en el capítulo 2 clama a Dios, y el Señor permite que sea escupido por ese gran pez en tierra. Y en el capítulo 3, retoma la tarea y le vuelve a encomendar ir a Nínive, a llevar la palabra. 

Jonás 3: 1 Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: 2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. 3 Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino.

Ya no había forma en que Jonás se retractara de hacer esto, por lo que empezó a caminar por la ciudad y con asombro, encontró que los hombres de dicha tierra creyeron en el mensaje, se arrepintieron. 

6 Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. 7 E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; 8 sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. 9 ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?

Como hombre de Dios, Jonás debía emocionarse o alegrarse con el poder de restauración que llegó a la ciudad de Nínive, pero no comprendió el plan de Dios, o por lo menos no lo aceptó, y es por lo que luego él reclama y le dice el motivo de porque no quería venir a la ciudad. 

Capítulo 4: …porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. 3 Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.  

A pesar de haber pasado tres días y tres noches en un gran pez, Jonás no dejó de ser una persona obstinada. Y es que muchas veces la terquedad nos acompaña por el resto de la vida. 

Hay personas que una actitud, un pecado, una mala acción los lleva a la muerte espiritual, pero continúan caminando en su terquedad. En su frivolidad, en su apatía, en su desinterés hacia Dios. 

Hay personas que no terminan de sacar lo oprobio de sus vidas. Jonás era un instrumento de Dios, pero siempre enojado, siempre airado, por lo que Dios estaba haciendo. 

4 Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?

Ya el plan de Dios estaba cumplido, el cual será por siempre la redención, que ganaba Jonás con enojarse, ¿podía tal enojo cambiar la voluntad de Dios?, pues no, el Señor es fiel y su promesa de restauración estaba incluso destinada para aquella ciudad. 

Tal vez Jonás tenía una razón válida para enojarse, pero esto no era una excusa para vivir en el seno de la obstinación. Ahora la pregunta para ti es, ¿Cuál es tu motivo de vivir siempre obstinado?

Porque siempre nadamos en contra de lo que Dios desea para nuestras vidas, porque nos mostramos tan irreverentes ante Dios, porque muchas veces solo aceptamos nuestra lógica, y no permitimos el plan de Dios. Esto nos debe llevar a reflexionar. 

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