Lucas 5: 2 Entonces vio dos barcas que los pescadores habían dejado en la playa mientras lavaban las redes. 3 Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó, y enseñaba a la gente desde la barca.

4 Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón:

—Lleva la barca hacia aguas más profundas, y echen allí las redes para pescar.

5 —Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no hemos pescado nada —le contestó Simón—. Pero, como tú me lo mandas, echaré las redes.

Este es un dicho de frustración que dijo Pedro al maestro, cuando pasó toda la noche intentando pescar, pero no alcanzó a pescar nada. 

Los pescadores estaban lavando todas las redes cuando Jesús los vio. Imagino un poco el cansancio de estos hombres, toda la noche allí, una y otra vez haciendo el mismo procedimiento, hasta que no quedó más que lavar las redes sin pescar nada. 

Es decir, iban a casa o a sus negocios, con las manos vacías. No creo que esto fuera algo que los alentara o los animara mucho. 

Así muchas veces pasa con nuestras vidas, estamos agotados de realizarla misma labor sin ver los resultados. Tal vez el cansancio de estar en un trabajo que no nos dimensiona, o de seguir rutinas que no nos han dado ningún provecho. 

Creo que para estos hombres pescadores de oficio, el nivel de insatisfacción era grande, porque pasar toda la noche sin pescar, no era algo de su agrado. Pero dice la biblia que Jesús llegó en ese momento cuando ya estaban dispuestos a salir de allí. 

Jesús los encontró lavando las redes, porque seguramente ya iban a casa, y habían quedado sin fuerzas. Pero el maestro llega y les dice que vuelvan a lanzar las redes, por eso la respuesta de Pedro ¡Señor no hemos pescado nada!

Ya estaban rendidos, lavando sus redes, bajaron los brazos de ver algo nuevo, y no los juzgo, estaban toda la noche en ese trabajo. 

Habían quedado sin gozo, sin esperanza, sin amor por lo que estaban haciendo, por eso Jesús viendo su cansancio, o su resignación, les hizo volver a lanzar las redes. 

Lucas 5: 6 Así lo hicieron, y recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían. 7 Entonces llamaron por señas a sus compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos se acercaron y llenaron tanto las dos barcas que comenzaron a hundirse.

En el versículo 6 y 7 vemos que el milagro de Jesús los llena de esperanza, los hace ver que a pesar del cansancio, si era posible pescar. El asombro de Pedro fue tan grande, que corrió al maestro diciendo ¡Apártate de mí; Señor, soy un pecador! 

Es que imagino que Pedro jamás imaginó que podía pescar tanto; pues su cansancio lo había neutralizado. 

Así pasa muchas veces con nosotros, el cansancio de un proceso nos termina neutralizando. Es como cuando oramos y oramos para que la economía cambie, pero quedamos cansados lavando las redes, porque no vemos cambios. 

Cuando quedamos cansados porque nuestro matrimonio continúa en los mismos ciclos de conflicto, y ya nos damos por vencido y comenzamos a lavar las redes, que indica el comienzo de un proceso de resignación y frustración. 

Pero Jesús llega en el momento oportuno, el maestro no se equivoca, el Señor trae cambio y restauración. 

En ese instante cuando dices ¡ya lo he dado todo!, cuando piensas que ya has hecho todo, cuando te quedas agotado en medio del camino, cuando la fe empieza a menguar, es allí cuando el maestro viene a recordarte que él está presente. 

Y aunque ahora te sientas sin fuerza, él te hará recobrar la esperanza y la fe. Por más que digas la frase de Pedro ¡No hemos pescado nada!, el Señor te dirá, ¡Vamos has un intento más!, es allí cuando Dios te sorprenderá. 

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