1 de Corintios 6: 19-20 19 «¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños, 20 porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo.»

Mucho hemos hablado de cuidar nuestro mundo interior, donde se depositan nuestras emociones, de cuidar nuestra salud mental; pero poco hablamos de la importancia de cuidar nuestro cuerpo. 

Todos debemos siempre tener en cuenta que nuestro cuerpo es templo del espíritu santo, por lo que sí el espíritu de Dios habita en él, debemos ser buenos administradores de su gracia, y aprender a cuidarlo. 

En este aspecto, no hablo de un cuidado estético, sino más bien de aprender que nuestro cuerpo necesita un buen descanso, una correcta alimentación y tiempo en reposo para reponerse. 

Existen ocasiones en que llevamos nuestro cuerpo como llevamos nuestra rutina, no descansamos, pasamos todo el día en un completo afán y llega la noche, y pocas veces disfrutamos de un sueño reparador, sino aprovechamos para conectarnos al móvil y eso no es una vida placentera. 

Luego pasan los años, y el mismo cuerpo comienza a cobrarnos factura. Problemas de hipertensión, azúcar en la sangre, migrañas descontroladas, y otras enfermedades más que tal vez no sean parte de un proceso de DIOS, sino de un descuido que hemos tenido. 

Hay rutinas que debemos empezar a emplear para cuidar nuestro templo; aquí algunas que te pueden funcionar:

  • Mantén una sana alimentación: Procura añadir vegetales, frutas y cualquier alimento que suponga un compendio de nutrientes y vitaminas al cuerpo. 
  • Toma mucha agua y mantente siempre hidratado. 
  • Respeta tus horas de sueño, como mínimo 7 horas diarias. 
  • Toma un tiempo de descanso en familia. 
  • Respeta tus días de vacaciones y desconéctate. 
  • Haz ejercicios por lo menos 30 minutos diarios. 

Puede que te parezcan sencillas, pero es necesario comenzar a cuidar nuestro cuerpo incorporando pequeños hábitos que nos llenen de paz y de energía para enfrentar las rutinas. 

Te recomiendo tomarte un tiempo para hacerte un chequeo médico antes de comenzar el año y ver cómo están tus niveles, sólo así podrás empezar a cambiar los hábitos que están desmejorando tu condición física. 

Tal vez no se trate de extender algo más los años que tenemos de vida, porque solo Dios sabe cuándo nos tocará partir; pero si se trata de vivir al máximo los años que tenemos y no atrapados en malestares que nos desgastan y nos sacan del propósito de cristo. 

Fue Dios que te formó 

Salmo 139:13-14: “Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; tú me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. ¡De ello estoy bien convencido!”

Dios tuvo la gran gentileza de formarnos como una creación hermosa y dándonos a cada uno un propósito diferente. Lo más que podemos hacer en nuestra tierra es honrarlo con nuestras acciones y con nuestro cuerpo. 

Los placeres banales de la vida tienen un tiempo de caducidad, pero el espíritu santo de Dios estará siempre con nosotros. Que hermoso y honroso sería comenzar a honrar al mismísimo Dios con nuestro cuerpo físico, entendiendo que en él habita su poder, y lo alegramos cuando aprendemos a cuidarnos.

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