“Para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”

Romanos 5: 21

La santificación no es el resultado de las obras individuales, sino del poder del poder de la gracia en la vida del creyente. Esto es debido a que con la gracia no solo obtenemos el perdón de los pecados, sino que también obtenemos la justificación y la santificación.

Quién no ha entendido el poder de la gracia divina y no está agradecido con ella, no es capaz de apartarse de la vida pecaminosa y cede constantemente a la concupiscencia. Para evitar esto, es necesaria la revelación de la gracia de divina en la vida del creyente para comprender el poder del sacrificio de Jesús y como este rompe las cadenas del pecado.

Solo quien tiene revelación de su pecado y comprende su transgresión, entiende el poder de la gracia divina y como esta puede transformar su vida para no volver a incurrir en ello. 

La gracia me da la capacidad de servir a Dios

“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”

1 Corintios 15:9-10

La gracia divina nos demuestra nuestra verdadera identidad y, por lo tanto, nos proporciona la fuerza para servir a Dios. Esta fuerza viene directamente del agradecimiento por haber sido salvado y del deseo de que otros alcancen lo que nosotros hemos alcanzado, es decir, la salvación. Como resultado, quien no sirve en el Reino de Dios, es porque no ha entendido el poder de la gracia divina en su vida.

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