Colosenses 3: 2 Concéntrense en las cosas celestiales y no en las terrenales, 3 pues ustedes han muerto a su vieja manera de vivir, y ahora la nueva vida que disfrutan con Cristo, está guardada en Dios.

La mente es el campo de las emociones, de los pensamientos, de lo que creemos y sentimos, y que necesario es cuidarla de todos los ataques que día tras día nos llegan para apartarnos de la fe, o para hacernos claudicar. 

Con la mente somos capaces de crear cosas incorrectas, que no son, o que realmente no existen. La mente es tan poderosa, que contiene los misterios de Cristo, pero también es allí donde atesoramos los planes de las tinieblas. 

El enemigo nunca podrá tomar posesión de nuestra mente sino hemos abierto este campo a él, para que el domine nuestras vidas. 

Hoy en día nuestra mente está más propensa a la aflicción, al parecer toda la tecnología, el avance de las redes sociales, lo que dicen los medios, hacen que nuestra mente reciba todo tipo de información, haciéndonos más racionales y menos espirituales. 

¿De qué alimentas tu mente?

Debemos hacernos esta pregunta, ¿de qué alimentamos nuestra mente?, y no quiero tildar esta reflexión con algo metafísico, o decirte que debes pensar en todo lo positivo, sino más bien que analicemos de que llenamos nuestro campo de la mente. 

Hace unos días una persona atada a la ansiedad me dijo que alimentaba su mente de todo lo que leía y escuchaba con respecto a esta enfermedad, pues no encontraba como salir de ella, y su opción era leer y leer. 

En ningún momento cubrió sus pensamientos, al contrario, optó por buscar todo aquello que “humanamente” pensó que la sanaría. 

Y así muchas veces pasa con nuestras vidas. Llenamos nuestra mente de cuervos que buscan robar nuestra paz y vivimos aferrados al terror nocturno, a la aflicción, a la ansiedad, la queja, la rabia, o cualquier otro mal que hace hábitat en nuestra mente. 

No sé si te ha pasado, pero cuando nuestra mente esta atada a las preocupaciones del día a día, o aferrada a un dolor del pasado, pocas veces podremos conciliar el sueño, y esas madrugadas donde despertamos, nuestro pensamientos hablan de quién tenemos dentro. 

¿Es Dios quien domina nuestra mente?, o somos nosotros que nos dejamos llevar por todo lo terrenal. 

Debemos morir a la manera terrenal 

Hay momentos en que metafóricamente hablando debemos “morir”, y no hablo de una muerte física, sino más bien una muerte en nuestro espíritu y nuestra alma. Nunca vamos a escuchar la voz de Dios, cuando nuestra mente solo piensa en lo que es la lógica humana, y no en lo que es la fe puesta en Cristo Jesús. 

Lo terrenal es todo aquello que puede ir en contra de la fe; es creer en lógica, razón, humanidad, pero pocas o ninguna vez en la facultad que tiene Cristo para redimir nuestras vidas. 

Cuidar nuestra mente es tan vital como cuidar nuestro cuerpo. Podemos llegar a morir cuando no cuidamos nuestras emociones, cuando no entendemos lo que Dios quiere hacer con nosotros, y cuando simplemente tenemos una fe tan ligera, que se mueve de un lado a otro, con lo que ve, o escucha, pero no con lo que experimenta. 

Si quieres tener una mente sana, tocará cambiar algunos hábitos en nuestras vidas. Es tener la prioridad de buscar a Dios en todo momento, y como nuestro enfoque principal, comprendiendo que él tiene la capacidad de sanarnos. 

Mateo 6: 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Lo segundo que debemos hacer, es dejar descansar nuestra mente. No puedes controlarlo todo, o no debes saberlo todo. En ocasiones ni las redes sociales, ni lo que lees por internet, puede ayudarte tanto como lo hará Cristo. 

Habrá momentos donde una oración será más poderosa que la reflexión de un influencer. Una oración será más poderosa que una frase que leas en un perfil, una oración será más poderosa que lo que un psicólogo pueda decirte. 

Así que aprende a cuidar tus pensamientos, entregando tu vida Cristo, y dejando que sea el quien redima todo lo que sientes o piensas, para no ser blanco fácil de las tinieblas en el campo de la mente. 

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