2 de Samuel 22: 2“El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador, es mi Dios, el peñasco en el que me refugio”. 

Qué tanto podemos entender de oraciones poderosas como estas. Muchas veces clamamos a Dios, pero pocas veces entendemos lo que clamamos, y en este versículo me detuve hace algunos días leyendo. 

Dios cumple el papel principal en nuestras vidas, pero uno de esos papeles que el padre hace sobre nosotros, es el de protector, y libertador. Cuando lo entendemos, no permitimos que el temor, la angustia y la desesperación se apoderen de nuestras vidas. 

¿Qué significa que Dios se nuestra roca?

La roca hace referencia a ese poder inamovible que Dios representa para nuestras vidas; es decir, Dios es fortaleza y protección para quienes le siguen. 

Cuando transitas tu vida de fe creyendo fielmente que Dios es tu roca, que él es tu fortaleza, puede que vengan algunas pruebas y circunstancias, pero no nos moveremos porque él está con nosotros. El será el fundamento de nuestra fe. 

Pero cuando depositamos nuestra fe en cosas vanas sin transcendencia, cualquier momento o viento contrario terminara por desestabilizarnos, pues no hemos entendido lo que el Padre representa para nuestras vidas. 

Cuando leemos el Salmo 40, versículo 2, podemos comprender aún más porque la palabra hace tanta referencia a Dios como roca. Y es que en medio de angustia, el Señor coloca nuestros pies sobre peña, es decir sobre roca. 

Antes de esto, podíamos caminar, pero siempre deslizándonos a lo que no proviene del padre, pues nuestros pasos no habían sido enderezados y puestos firmes sobre la roca. 

La roca es Cristo y este debe ser el fundamento de nuestra fe. No permitas que el miedo, el afán, o la incredulidad te robe la esencia de tu ser. El Señor siempre será nuestra roca. 

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