La alabanza y la adoración son dos aspectos fundamentales de nuestra relación con Dios. Esto es debido a que, a través de ellas, expresamos nuestro amor, gratitud, admiración y dependencia de Él, nos acercamos a su presencia, recibimos su gracia, su paz y su gozo, y le rendimos honor y gloria.

Debido a que son aspectos tan fundamentales en la vida de un cristiano, a continuación, te explicaremos no solo lo que son y su fundamento bíblico, sino también por qué son importantes y cómo alabar y adorar a Dios.

¿Qué es la alabanza?

La alabanza es el reconocimiento verbal de las cualidades, los atributos y las obras de Dios. Es decir, se trata de decirle a Dios lo bueno, grande y fiel que es, o cualquier otra expresión que salga de tu corazón y exalte sus cualidades. 

La alabanza implica también dar testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestra vida y en la de otros, debido a que allí también expresas su poderío. Además, la alabanza puede ser expresada con palabras, con cantos, con instrumentos musicales o con gestos corporales, por lo que no solo se limita a las palabras.

Algunos versículos que nos hablan de la alabanza son:

  • Salmo 34:1-3: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre.”
  • Salmo 95:1-2: “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos.”
  • Hebreos 13:15: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.”

¿Qué es la adoración?

La adoración es la entrega total de nuestro ser a Dios, como si se tratara de un sacrificio vivo. Es decir, implica reconocer que Él es el Señor de todo y que nosotros somos sus siervos y nos debemos a Él. 

La adoración implica también someter nuestra voluntad a la suya, obedecer sus mandamientos y buscar su voluntad, debido a que reconocemos su autoridad y posición sobre nosotros. Por otra parte, la adoración puede ser expresada con actitudes internas como el amor, la reverencia, la humildad y la confianza.

Es decir, que la adoración se trata de una actitud del corazón y una intención y se exterioriza con nuestro comportamiento, lo cual también incluye alabar a Dios.

Algunos versículos que nos hablan de la adoración son:

  • Juan 4:23-24: “Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre, tales adoradores, busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad, es necesario que adoren.”
  • Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”
  • Mateo 22:37: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”

¿Por qué son importantes la alabanza y la adoración?

Muy bien, ahora que ya sabemos que son la alabanza y la adoración, quizás te preguntes ¿Son importantes?, pues, sí, la alabanza y la adoración son importantes por varias razones:

  • Son un mandamiento de Dios, pues Él nos ha creado para su gloria (Isaías 43:7) y nos ha ordenado alabarle (Salmo 150:6) y adorarle (Mateo 4:10). Al hacerlo, cumplimos el propósito para el cual fuimos creados.
  • Son una respuesta a lo que Dios ha hecho por nosotros. Recuerda que Dios nos ha amado tanto que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para salvarnos (Juan 3:16). También nos ha dado su Espíritu Santo para guiarnos (Juan 14:26) y nos provee de todo lo que necesitamos para vivir (Mateo 6:33). Al alabarle y adorarle, le demostramos nuestro agradecimiento y nuestra fidelidad.
  • Son una forma de acercarnos a Dios, pues Él habita en medio de las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3). Cuando le alabamos, nos acercamos a su trono de gracia (Hebreos 4:16) y cuando le adoramos, entramos en su santuario (Salmo 27:4). Al hacerlo, experimentamos su presencia, su poder y su bendición.
  • Son una forma de transformarnos a la imagen de Dios, recuerda que Dios quiere que seamos como Él (Efesios 4:24) y cuando le alabamos, declaramos sus atributos y nos identificamos con ellos. También, cuando le adoramos, nos rendimos a su voluntad y nos conformamos a ella. Al hacerlo, nos parecemos más a Él y reflejamos su gloria.

¿Cómo podemos alabar y adorar a Dios?

Podemos alabar y adorar a Dios de muchas formas, pero lo más importante es hacerlo con sinceridad, con fe y con amor. Sin embargo, alabamos a Dios cuando:

  • Contamos y escuchamos testimonios de lo que Dios ha hecho en nuestra vida y en la de otros: Los testimonios son una forma de alabar a Dios por sus obras maravillosas y de animarnos unos a otros en la fe. 
  • Predicamos y escuchamos la Palabra de Dios: La predicación es una forma de alabar a Dios por su revelación y de instruirnos en su voluntad y al hacerlo, exaltamos a Dios y crecemos en su conocimiento.
  • Tocamos instrumentos musicales o cantamos para Dios: La música es una forma de alabar a Dios por su belleza y de expresarnos con emoción y creatividad, y cuando lo hacemos, podemos celebrar a Dios y deleitarnos en su presencia.
  • Cantamos y escuchamos música cristiana: La música es un lenguaje universal que nos permite expresarnos con emoción y creatividad y al cantar y escuchar música cristiana, podemos alabarle por sus atributos y cualidades.

De igual modo, adoramos a Dios cuando hacemos lo siguiente:

  • Al tener una actitud de completa rendición ante su presencia: La rendición es una forma de adorar a Dios por su soberanía y de reconocer nuestra dependencia de Él. Por lo tanto, al rendirnos, podemos honrar a Dios y confiar en su provisión.
  • Cuando obedecemos su Palabra, sus mandamientos y sus principios: La obediencia es una forma de adorar a Dios por su autoridad y de demostrar nuestro amor por Él. 
  • Al obedecer a nuestras autoridades espirituales y terrenales: La sumisión es una forma de adorar a Dios por su orden y de respetar su voluntad.
  • Cuando sacrificamos nuestros cuerpos, nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestros placeres personales por su Reino: El sacrificio es una forma de adorar a Dios por su gracia y de participar en su obra y al hacerlo, podemos servir a Dios y dar testimonio de su amor.

La alabanza y la adoración son dos aspectos esenciales de nuestra vida cristiana, debido a que a través de ellas, honramos a Dios, nos acercamos a Él, nos transformamos a su imagen y cumplimos nuestro propósito. Que el Señor nos ayude a alabarle y adorarle cada día con todo nuestro ser. Amén.

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