Compartir a Cristo de forma natural es una de las formas más efectivas y sencillas de evangelizar. Se trata de aprovechar las oportunidades que Dios nos da en nuestro día a día para hablar de Él y de su amor a las personas que nos rodean. No se trata de forzar una conversación o de imponer nuestra fe, sino de ser testigos auténticos y amables de lo que Cristo ha hecho en nuestra vida.

La Biblia nos muestra que compartir a Cristo de forma natural es algo que los primeros cristianos practicaban con frecuencia y con fruto. A continuación, explicaremos algunos principios bíblicos sobre cómo hacerlo:

Compartir a Cristo con nuestro ejemplo

La primera forma de compartir a Cristo de forma natural es con nuestro ejemplo. Es decir, nuestra conducta debe reflejar el carácter y los valores de Cristo, para que los demás vean la diferencia que Él hace en nosotros. 

La Biblia nos dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Recordemos que somos la luz del mundo y según este versículo, estamos llamados a ser luz con nuestro testimonio.

Nuestro ejemplo debe ser coherente con nuestro mensaje. Es decir, no podemos hablar de Cristo si vivimos en pecado o si somos hipócritas. La Biblia nos advierte: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará” (Gálatas 6:7). Por eso, debemos examinarnos a nosotros mismos y confesar nuestros pecados a Dios, para recibir su perdón y su limpieza (1 Juan 1:9).

Por otra parte, nuestro ejemplo debe ser humilde y servicial. No podemos hablar de Cristo si somos orgullosos o egoístas, pues la Biblia nos enseña: “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás” (Filipenses 2:3-4). Por eso, debemos seguir el ejemplo de Cristo, que se despojó a sí mismo y se hizo siervo (Filipenses 2:5-8).

Compartir a Cristo con nuestra palabra

La segunda forma de compartir a Cristo de forma natural es con nuestra palabra. Esto implica que nuestra palabra debe expresar el evangelio y el testimonio de lo que Cristo ha hecho en nuestra vida. De hecho, la Biblia nos dice: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree” (Romanos 1:16).

Nuestra palabra también debe ser oportuna y sabia, debido a que no podemos hablar de Cristo sin discernir el momento y el modo adecuados para hacerlo. Al respecto de esto, la Biblia nos aconseja: “Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona” (Colosenses 4:6). Por eso, debemos estar atentos al Espíritu Santo, que nos guía y nos da las palabras en el momento adecuado (Juan 14:26).

También, nuestra palabra debe ser respetuosa y amorosa, pues no podemos hablar de Cristo sin considerar los sentimientos y las creencias de los demás. De hecho, en la Biblia se nos exhorta: “Sino {santificad} a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero {hacedlo} con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15). Es decir que estamos llamados a hablar la verdad en amor (Efesios 4:15).

Compartir a Cristo con nuestra oración

La tercera forma de compartir a Cristo de forma natural es con nuestra oración. Es decir, podemos usar nuestra oración para pedir por la salvación y el crecimiento espiritual de los demás. De hecho, la Biblia fundamenta esto en: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para {su} salvación” (Romanos 10:1).

Nuestra oración también debe ser constante y ferviente cuando le predicamos a otros, pues no podemos hablar de Cristo sin orar por los que nos escuchan. Incluso, en la Biblia se nos instruye de la siguiente manera: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Por eso, debemos perseverar en la oración, confiando en que Dios es fiel y poderoso para salvar (Hebreos 10:23).

Por otra parte, nuestra oración debe ser agradecida y gozosa, debido a que no podemos hablar de Cristo sin dar gracias a Dios por los que nos oyen. La Biblia nos anima: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, haciendo siempre con gozo oración por todos vosotros” (Filipenses 1:3-4). Es por ello que también debemos regocijarnos en el Señor, que hace maravillas en medio de nosotros (Salmo 126:3).

La Biblia nos muestra que compartir a Cristo de forma natural es algo que podemos y debemos hacer todos los cristianos. Se trata de vivir y hablar de Cristo con nuestro ejemplo, nuestra palabra y nuestra oración. Así, podremos ser instrumentos de Dios para llevar su luz y su amor al mundo.

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