Lucas 15: 20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.

En los momentos más oscuros y más difíciles de comprender, los brazos del Padre son los únicos que nos hacen experimentar el amor verdadero. 

En los tiempos difíciles he comprendido que la mejor manera de salir de los valles de muerte, es correr a los brazos del Padre. Esto nos ayuda a cantar con libertad, a experimentar su gracia en medio del dolor.

Me gusta mucho la parábola del hijo Pródigo, porque creo que Jesús quiso explicar una metáfora de cómo es el amor del Padre con nosotros. 

Y es allí donde entendí que en medio de cualquier circunstancia, los brazos del Padre son el mejor aliento. Los brazos del Padre representan reconciliación, amor, compasión, perdón, y libertad. 

Y es que cuando nos acercamos a Él, solo él puede sanarnos. Hay momentos donde las heridas son profundas, donde el dolor quiebra nuestra alma, donde el rencor se apodera de nuestro ser, donde no hay forma de salir de esa opresión, pero solo al correr a los brazos de Dios, sólo podemos experimentar la libertad. 

Entendí por mucho tiempo, que no hay forma humana que libere nuestra alma. Lo puedes intentar de muchas maneras, pero solo un encuentro con la presencia de Dios es lo que nos hará experimentar la libertad. 

El dolor mengua, el dolor se apacigua, el dolor se va extinguiendo, porque el amor del Padre es mucho más grande que ese momento de dolor. 

La mano de Dios está con nosotros 

Así como estuvo con David, la mano de Dios está con nosotros. Salmo 89:21-22 “Hallé a David mi siervo; Lo ungí con mi santa unción. 21 Mi mano estará siempre con él, Mi brazo también lo fortalecerá”.

El brazo de Dios es lo único que puede fortalecernos. Y es que un encuentro divino con el Padre es lo que nos ayuda a reflexionar en la fe. 

No se cual es la circunstancia que estas pasando, no sé la magnitud de tu problema, pero si hay algo que puedo decirte es que los brazos del Padre podrán calmar toda tempestad. 

No es para nada místico, pero si debes experimentar que los brazos de Dios te sostendrán en cualquier momento, por muy difícil que sea. 

Y mientras la circunstancia pasa, recuerda que el mejor antídoto para encontrar la paz de DIOS, es adorándolo, es buscando su rostro, es meditar en su palabra. Puede que no encuentres el “por qué”, de lo que te sucede, pero entenderás que la soberanía de Dios es perfecta, y él todo lo hace por alguna causa. 

Dios siempre tendrá palabras de aliento para ti, te llevará de las tinieblas a la luz, te protegerá bajo sus alas, y te mostrará las bondades de su corazón. 

Y si es que has fallado ante el padre, entonces recuerda que su amor es infinito y él siempre abrirá las puertas de su corazón para bendecirte. 

Por último, hay una máxima que jamás podrás olvidar, y es que “nada podrá separarte del amor de Cristo”. (Romanos 8:37-38).

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