Isaías 41: 10 “10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. 

Hay promesas de DIOS que debemos tener siempre presente en nuestras vidas, y que jamás podemos olvidarlas.

Tener una vida de fe, no quiere decir que no vendrán adversidades a  nuestras vidas, sino al contrario, la fe nos hará ver de que estamos hechos, y en medio de los escenarios más adversos, debemos recordar como las promesas de DIOS se hacen presentes. 

En este versículo, podemos ver que Dios promete acompañarnos siempre.

¡No temas! 

Dios da una directriz, y dice ¡No temas! 

Si algo nos hace perder la fe, el enfoque y las ganas de continuar nuestro recorrido, es el miedo. 

Creo que el miedo es más poderoso que cualquier diagnóstico que esté en nuestra contra. A veces tenemos miedo de todo lo que nos acontece, incluso, a veces nos atemorizamos de cosas que ni siquiera nos han acontecido. 

Es muy difícil drenar el temor. Le tenemos temor al futuro, temor a la muerte, temor a la vida, temor a la situación económica, y este se convierte en un verdadero Gigante. 

Así como le sucedía al pueblo de Israel, que era atemorizado por un gigante que no los dejaba avanzar (Goliat), así muchas veces pasa en nuestras vidas como cristianos, el temor neutra nuestra mente y nos encierra en un círculo vicioso de improductividad, amargura o desilusión. 

Dios sabe que el temor es uno de nuestros principales elementos en contra, a la hora de desarrollar una visión. Lo vemos en el ejemplo de Josue, lo primero que hace el señor es pedirle que: 

Josué 1: “9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo a dondequiera que vayas.

Primero le dice: ¡Esfuérzate y sé valiente!, y continua con ¡No temas ni desmayes!; es decir, el temor es un sentimiento que el ser humano siempre manifiesta. 

No está mal sentir temor, el problema es cuando nos dejamos rodear por este espíritu, y terminamos negociando nuestra identidad, aferrados al temor. 

Hay personas que han renunciado a sueños en su vida por miedo, hay quienes pierden al amor de su vida por miedo a expresar lo que siente. Hay quienes no se atreven a empezar un negocio por miedo, y hay quienes pasan años siendo talentosos en un puesto de trabajo, por miedo a emprender, o hacer cosas por su cuenta. 

El miedo está en todas las esferas de nuestras vidas. En el tiempo más difícil de asimilar es cuando se nos da un diagnóstico médico, y en vez de recurrir a nuestro señor, nos llenamos de miedo, y comenzamos a dudar de que un milagro de Dios puede cambiar nuestras vidas. 

Puedes tener miedo, pero no dejes que este te gane la partida, porque Dios está contigo. 

El versículo de Isaías 41: 10 continúa diciendo ¡Yo estoy contigo!, es decir, no podemos temer ya que Dios está con nosotros. 

Romanos 8:31 dice, “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

Dios es nuestro ayudador, él es quien nos sostiene y quien no mantiene en pie. En muchos salmos, David expresa que la comunión íntima con Dios, es lo que hace que podamos vivir confiados en él. 

Muchas veces el temor nos acobija porque ponemos nuestra confianza en lo que dice la ciencia, lo que dicen los medios de comunicación, o las voces tóxicas de terceros que buscan apagar la palabra de Dios. 

Lo peor que podemos hacer en nuestra vida es dejar de escuchar a Dios.

Cuando dejamos de buscarlo, cuando dejamos de orar, cuando dejamos de meditar la palabra, indefectiblemente el temor vendrá a nuestras vidas, y con él, un montón de tropiezos que nos alejan de la fe. 

Por nada del mundo dejes que el temor se apodere de ti, se un valiente, no desmayes, no te entregues a la desilusión, a pesar del dolor, o de lo que hayas vivido, sigue peleando la buena batalla de la fe. Dios a su debido tiempo responderá tu oración, pero haz que esta sea tan potente como la de Ana. 

No permitas que las voces de este sistema hagan apagar el fuego por Dios. No te dejes frivolizar, porque mientras más cerca estés del padre, el padre sabrá compensarte. 

Y ten siempre presente: 

¡La mano de Dios te sostendrá todos los días de tu vida! 

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