De seguro te has encontrado en una posición donde explotas sin querer por el estrés que sobrecarga tus días. Esto no es para menos, pues las emociones se vinculan a nuestros problemas y lamentablemente reaccionamos cuando no debemos.
Hoy vamos a indagar un poco sobre cómo llevar cada día con su propio afán.
Las personas muchas veces se desenfocan y creen que pueden resolver los diferentes problemas que les presenta la vida en un solo día. Lo cierto es que esto no es posible, cada día viene con sus propias dificultades y no podemos pensar en las circunstancias que lidiamos mañana, si aún no afrontamos las que nos están acosando hoy.
Nada es con nuestras propias fuerzas
Filipenses 4:6 Por nada estéis afanosos sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias
Es indiscutible que el primer punto no lo llevemos a esto. Que triste que día a día vemos a personas querer resolver sus problemas con sus propias fuerzas y sin conseguir resultado alguno. Por el contrario, pasa que los problemas vienen a multiplicarse y empeorar su situación de vida.
Busca a Dios en tiempos de crisis
Lo primero que debemos hacer en días de afán es buscar a Dios, ¿Cómo lo hacemos?
La biblia nos presenta un panorama muy importante y se trata de la oración. Dios conoce los deseos de nuestro corazón, y Él más que nadie sabe cada uno de nuestros problemas, pero nos indica que debemos buscarlo siempre primero a él para acercarnos y presentarle nuestras inquietudes.
Este paso por muy sencillo que sea, para muchos es realmente el más difícil. Algunos dicen que por falta de tiempo y en otros realmente se sobrepone su orgullo de no poder conseguir las cosas a su manera.
Lucas 12:31 Más buscad el reino de Dios, y todas las cosas os serán añadidas
A ver, se trata de lo siguiente:
- Levantarte muy temprano y coloca tu día en oración
- La oración debe ser sincera, comenzando siempre con agradecimiento
- Deja tus peticiones delante de él y esperando siempre que se haga su voluntad
- Pídele a Dios que controle tus pensamiento y por ende tus emociones
El paso siguiente radica en la lectura de la palabra y es que solo a través de ella podremos controlar nuestro carácter.
Meditar en la palabra consiste en realizar una lectura diaria aplicando un texto a nuestro día. Sin importar cuál sea el libro que estés leyendo siempre Dios te hablara por medio de ella.
¿Por qué se presenta el afán?
En su mayoría se trata del miedo a perder el control de las situaciones. Considerar que todo saldrá mal aun cuando nada ha pasado.
El afán es un sentimiento de desespero que se apodera de nuestra mente y no nos deja responder de la forma correcta ante algunas situaciones.
Controlar el afán no es algo de otro mundo, pero si bien se convierte en un hábito o aptitud, debemos buscar el modo de corregirlo cuanto antes. No escatimamos que este mundo está lleno de muchas aflicciones, pero que grandioso es saber que contamos con el mejor Padre de todos para ayudarnos en medio de cualquier problema.
La solución está allí frente a nuestros ojos, solo debemos ampliar la visión y dejar nuestra confianza en Él.
Isaías 41:10 No temas, porque yo estoy contigo; No desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Nuestra confianza siempre en sus manos
Sabemos muy bien que esto no es nada fácil, pero es el modo más seguro de seguir en la vida y dejar de un lado el afán.
Nuestra confianza siempre debe estar en Él. Buscar la mejor manera de acercarnos a su presencia y creer plenamente que para él no hay nada imposible, siempre conforme a su voluntad.
Las crisis que puedas tener hoy son parte de un proceso transicional y estas en algún momento terminarán. Ahora bien, si tu preocupación es por alimento o vestimenta, su palabra también no insta a que el se encargara de todas las cosas siempre que lo busquemos con corazones sinceros.
Mateo 6:25 Por eso les digo: Así que no se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa.
Consecuencias de no renunciar al afán
Si de consecuencias se trata, estas pueden ser muchas.
Quizás ya has vivido alguna de ellas. Pero lo cierto es que cuando no dejamos de un lado el afán, lo primero que vamos a encontrar es frustración. Esta trae consigo un desequilibrio de emociones y una personalidad casi incontrolable.
La frustración llega cuando hemos hecho de todo con nuestras propias fuerzas sin haber conseguido resultado alguno. Cuando creímos que con nuestras ideas podíamos y esto no fue posible. La vida nos cae en un descontrol de no saber luego si hacemos lo correcto o no.
Por esta razón instamos de la mejor manera posible a buscar a Dios siempre como primera opción. Créeme que una vida en oración y meditación de la palabra te librará de todo afán.
Salmo 94:19 Cuando mi angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría.
Otra consecuencias son las reacciones espontáneas que tenemos cuando hemos llegado al límite, si vives todos los días en afán es indiscutible que habrá un momento en el que ya no puedas aguantar más. Sucede reacciones de una forma tan espontánea que podemos catalogarla coloquialmente como una explosión de emociones.
No medimos incluso quien está a nuestro alrededor que podemos herir con gestos, palabras o acciones. Y todo esto debido al afán que veníamos acumulando, un dato curioso es que cuando se trata de explotar, siempre sucede con quien realmente menos tiene la culpa.
Podemos trabajar mejor un sistema de prevención con respecto al afán y así evitar lo que sería la corrección de escenarios de frustración.
Proverbios 12:25 La angustia abate el corazón del hombre, pero una palabra amable lo alegra.
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15 agosto, 2026 a las 5:26 am
Padre Santo y Padre Bueno, gracias por regalarme un nuevo día y por permitirme levantarme una vez más. Hoy te entrego mi vida y todo lo que este día traerá.
Acompáñame, Señor; quiero caminar consciente de tu presencia. Guía mis pensamientos, ordena mis emociones y permite que mis palabras y mis acciones reflejen tu amor.
Hoy te necesito, Padre. Despierta en mí un deseo cada vez mayor de conocerte, de escuchar tu voz y de comprender tu voluntad. Te presento mi salud: fortalece mis debilidades, perfecciona mis fortalezas y renueva mi cuerpo, mi mente y mi espíritu.
Te pido un dia de bendiciones , lleno de la sabiduría, la paz y la fortaleza para dar lo mejor de mí en todo lo que ocurra. Que lo que ocurra añada la paz que viene de Ti.
Que tu Espíritu Santo gobierne mi corazón y que hoy pueda vivir con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
Hoy mi vida está en tus manos. Camina conmigo, Señor, porque donde está tu presencia, allí quiero estar.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
“Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.” — Éxodo 33:14.