“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias.” Hechos 15:28.
¡Qué tremenda declaración de la Iglesia Primitiva! Los apóstoles se habían reunido para hacer una “clínica doctrinal” con los apóstoles, maestros, misioneros. La Iglesia necesitaba definir la entrada de los gentiles (no judíos) a la iglesia que hasta el momento había sido integrada solo por judíos. El Espíritu Santo había descendido sobre el auditorio de Pedro en la casa de Cornelio, de manera tan evidente, que la iglesia no tuvo más que aceptar la integración de todas las personas sin importar a qué nación, pueblo o lengua pertenecieran. La resolución fue tomada, firmada y acatada por todos. Pero la expresión más sobresaliente de este concilio fue quienes firmaron la declaración: “El Espíritu Santo y nosotros”.
“Pareció”, en griego es dokeo que significa “ser de opinión, lo que se piensa, se cree o se supone”. Habla de tener el mismo parecer.
Eso es coparticipación. El Espíritu Santo habla, y lo que decidamos, debemos estar en acuerdo. El Consolador nunca impone sus criterios y consejos, sino que espera que voluntariamente nosotros tomemos la decisión. Tampoco lo hacemos por nuestra cuenta con solo alguna referencia o idea vaga de lo que quisiera el Espíritu. No. Estamos en un mismo parecer. Lo que desea el Espíritu Santo es lo que deseamos nosotros. El acuerdo es mutuo.
Cuando hemos aceptado a Cristo como Salvador y Señor de nuestra vida, el Espíritu Santo mora en nuestro espíritu. Él es quien nos consuela en momentos de angustia y soledad, es el que nos renueva cuando las fuerzas nos faltan, es el que nos da sabiduría para tomar decisiones, es el que nos capacita con poder para hacer aquello que naturalmente no podemos hacer. Jesús dijo que nos convenía tener al Espíritu Santo dentro de nosotros. En esos momentos de debilidad espiritual, también estará dándonos la ayuda necesaria para salir vencedores de las situaciones. “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad…” Romanos 8:26. Así que no estás solo, tienes al Consolador, el Amigo y Ayudador de tu lado.
Para llegar a acuerdos con el Espíritu Santo debemos disponer nuestro corazón para escucharlo, aceptar su consejo y obedecerlo. Para que esto ocurra, nuestros deseos deben estar sometidos a los suyos y de esa manera viviremos nuestro día caminando al ritmo del Espíritu. Gálatas 5:24-25: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
¿Cómo enfrentarás tu día? Si lo anhelas lleno de sabiduría, entonces desde este mismo momento necesitas relacionarte con el Espíritu de Dios para ser conducido por Él. Te recordará la Palabra de Dios, te mostrará su voluntad e incluso te capacitará para hacerla.
Que las decisiones que tomes evidencien que las has hecho junto con el Espíritu Santo porque Él te conducirá a toda verdad y nunca se saldrá de lo que dice la Palabra de Dios.
Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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