Salmos 71:21 Me restaurarás incluso a mayor honor y me consolarás una vez más.
Debemos tener siempre en cuenta que no somos las únicas personas que en algún punto de la vida por circunstancias o procesos podríamos necesitar algún tipo de consuelo. Todas las personas del mundo, las que se podrían considerar fuertes, poderosas, con mucho poder de influencia, con buenas posiciones económicas hasta las que pudieran pasar por desapercibida. La gran parte de ellas terminan necesitando alguna palabra de aliento o de esperanza que pueda traer una llenura en sus vidas.
Si pudiéramos entender el significado de consuelo dentro del consejo de Dios, te darás cuenta de que tiene que ver todo con su Espíritu Santo. Claramente, no tiene nada que ver con un consuelo terrenal, ya que si ese fuera el caso, las personas en medio de una situación de caos emocional encontrarán refugio en algo o en alguien, lo cual llenará el vacío de sus corazones. Y para eso no requerirían la intervención de Dios.
Es por eso que no existen tales cosas, porque el único consuelo que pudieran encontrar todas las personas, para poder llenar el vacío de sus corazones y poder enfrentar la incertidumbre o un momento de caos, es siempre estar bajo la dirección del Señor por medio de su Espíritu Santo. Que nos dará la fortaleza y las ganas de continuar en un momento que pudiéramos considerar difícil.
En los versos anteriores del salmo 71:21 podemos ver a David, hombre que se le consideraba que tenía un corazón justo y muy apegado al de Dios. Que estaba clamando desesperadamente por un pronto auxilio del Señor, ya que enfrentaba muchos enemigos y vivía situaciones que podrían haberlo oprimido y golpeado emocionalmente. Provocando tal vez en él pérdida de confianza por lo que estaba predestinado a hacer.
David clamaba a su Señor para encontrar refugio y consuelo
Salmos 86:17 Envíame una señal a tu favor. Entonces los que me odian pasaran vergüenza, porque tú, oh Señor, me ayudas y me consuelas.
El salmista tenía muy en cuenta que su única esperanza en medio de su aflicción era Dios, no existía más nada. Lo mismo debería pasar en la vida de cada persona, tal vez no de la misma manera porque todos vivimos procesos diferentes. Pero si podemos entender que si estamos pasando por un momento de debilidad donde la duda y la aflicción se apoderan de nosotros y no sabemos cómo hacer. Nuestro consuelo siempre va a estar en el Señor porque él nos creó y nos formó.
Solo Él conoce la palabra que podríamos necesitar en momentos tan difíciles. El consuelo en Él es totalmente sincero, es puro y verdadero; no es momentáneo, es para siempre. Y son muchos los que aún no terminan de entender esto en sus vidas.
Muchos caen en agonía por no tener consuelo verdadero
Cuando buscamos ser consolados en diferentes escenarios que a veces se nos presentan y que podemos considerar muy agradables, es algo que al final del camino resulta ser un consuelo momentáneo, resultando ser algo temporal en el cual para nada nos ayuda; porque al fin y al cabo volvemos al mismo punto de inicio.
Sintiéndonos igual o peor que antes. Y así pasa infinitas veces en la vida de muchas personas y para conseguir esperanza o consuelo resulta imposible. Pero, en cambio, el Señor nos ofrece para nuestras tribulaciones un consuelo puro y real; que no es temporal sino infinito el cual vuelve y nos da seguridad.
Una vez que todos logremos entender eso de verdad, podremos no solamente salir adelante nosotros, sino que podremos ayudar a dar consuelo y servir de ejemplo ante otras personas, o bien sea nuestra propia familia. 2 Corintios 1:4 Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerle el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.
¿Cómo puedo conseguir consuelo en Dios?
Es necesario que todos podamos entender esto; que Jesús nos dejó Él consolador que iba a estar con nosotros todos los días hasta la próxima venida, y por supuesto el consolador es el Espíritu Santo, como lo mencionamos anteriormente. En Juan 14:16,17 dice: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
Entonces, si detallamos bien, el Espíritu Santo es quien saciará nuestros corazones en los momentos más críticos y difíciles de nuestras vidas. Como también será quien nos guíe y nos oriente en todo lo que vayamos a realizar, reconocerlo, traerá gozo, paz y seguridad en nuestros corazones. Su existencia en nuestras vidas nos dará un claro consuelo cuando nos sintamos mal, desanimados o estemos pasando por un momento muy difícil.
Podemos conseguir consuelo por medio de la oración
En el libro de filipenses 4:6-7 dice: « Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Es por eso que tener una relación con Dios resulta totalmente importante y muy eficaz. Ya que, nos ayuda a drenar profundamente todo lo que podamos sentir, o estar pasando. Donde podemos hablar con total confianza sabiendo que Él nos escucha y que también nos provee con palabras de aliento y de vida.
Ante las circunstancias la oración trae paz y la paz trae consigo consuelo y todo eso proviene solo y exclusivamente de Dios. Eso no lo vamos a poder encontrar en ningún otro lado, sino únicamente en la soberanía de Él.
Cuando aprendemos y entendemos todo lo referente al consuelo hallado en el Señor, las cargas se harán más ligeras. Esto claramente no quiere decir que saltaremos los diferentes procesos; es bueno que tengamos presente siempre que todos vamos a seguir pasando por situaciones, pero con la única diferencia que conseguiremos el ánimo pronto en Jesucristo.
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8 septiembre, 2026 a las 3:37 am
Amen❤️🙏🕊️
8 septiembre, 2026 a las 5:05 am
Padre Santo, Padre Bueno,
vengo ante ti no con esperanza,
sabiendo que tienes planes buenos para mi vida y que caminas conmigo en cada paso.
Como lo dice tu Palabra en el Salmo 71:21:
«Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.»
Declaro que tú estás aumentando mi fortaleza cada día, que tu consuelo ya está obrando en mi corazón, y que voy hacia adelante.
Gracias, Padre, porque me das:
consuelo que renueva mi ánimo,
fortaleza que me impulsa a seguir,
valentía para tomar cada oportunidad,
y sabiduría para ver con claridad el camino.
Hoy elijo cuidarme con amor propio,
porque mi cuerpo y mi vida son un regalo tuyo.
Elijo progresar con confianza,
sabiendo que cada esfuerzo florece a tu tiempo.
Y elijo honrarte y adorarte con alegría,
porque en ti encuentro propósito, paz y abundancia.
Gracias porque hoy es un buen día para avanzar, y porque tu bondad me acompaña siempre.
En tu nombre, con fe y gratitud,
Amén.