«Mi amado salvador, te doy gracias por todas tus bondades y bendiciones a mi vida, porque a pesar de que no lo merezco, sé que es por tu gracia infinita. Perdona hoy mis pecados y mis rebeliones, bórralos y arrójalas a lo profundo de la mar y lléname más de ti para ser la persona que quieres que sea. En esta hora, te pido que tu Santo Espíritu consuele hoy mi corazón afligido y quebrantado y me haga sentir tu paz inagotable, dulce y grata. Dame una buena y un buen descanso para despertar mañana con fuerzas renovadas, amén.»