Señor, esta noche me presento ante Ti con humildad. Reconozco que no siempre hice lo mejor, pero confío en tu gracia. Sana lo que hoy me hirió y calma lo que inquieta mi mente. Gracias por tu paciencia y tu amor constante. Permíteme descansar sin cargas ni culpas. Duermo confiado, sabiendo que en Ti siempre hay perdón y nueva oportunidad. Amén.