Proverbios 18: 14El espíritu humano puede soportar un cuerpo enfermo,
    ¿pero quién podrá sobrellevar un espíritu destrozado?

No hay duda que la depresión es una de la causante de mayor dolor y aflicción de la humanidad. Es ese sentimiento de tristeza, abatimiento, aflicción, que nos lleva a la disminución de nuestra vida diaria. 

La depresión puede venir de una causa física, un proceso o algo que llevó a la persona a este estado emocional. No siempre el centro de esta enfermedad es el pecado, pero si debemos ayudarles a quienes les padecen, para que puedan llegar a soluciones reales y duraderas. 

Una persona que está deprimida solo busca estar mejor, pero no siempre consigue estarlo. Entonces, poner un poco de orden a su vida espiritual puede ayudarle. 

Hace dos años pasé por un episodio así y fue tan mal lo que estuve que había abandonado el deseo de hacer las cosas que más me gustaban, por tan solo quedarme encerrada en un dolor que ya no tenía sentido. 

Ahora bien, más que lo que pueda ayudar la ciencia, debemos reconocer que el Espíritu Santo si puede liberar nuestras vidas de este estado emocional, solo que muchas veces no lo tenemos como una primera opción, menos en estos tiempos donde la depresión y las enfermedades de salud mental se han hecho tan famosas. 

Cuando tenemos una persona que está deprimida de nuestro lado, debemos buscar darle ánimo. Nuestro trabajo no debe ser juzgar, sino más bien ayudarles en su recuperación. 

Debes mostrarte como su amigo

Un cristiano claro que puede pasar por depresión, pero no está esperando que llegue alguien súper espiritual, sino más bien un amigo que le ayude a levantarse. 

Cuando te muestras confiado hacia esa persona, esta te podrá decir las causas que lo tienen en ese estado, y lo podrás ayudar con más exactitud. 

Orar por él en todo momento 

Otra ayuda que podemos hacer con alguien que está deprimido es orar. No hay nada que la oración no pueda hacer sobre sus vidas; así que interceder por esa persona y pedirle al Señor que lo libere de esa atadura llamada depresión. 

Guíales a confiar plenamente en Dios 

Hablarles desde nuestra alma no les ayudará mucho, por lo que debemos pedirle al espíritu santo que nos guíe. 

Cuando encuentres el momento, pídele a la persona que se mantenga confiada en Dios, y motívale a regresar a sus disciplinas espirituales como la palabra y la oración. 

Cuando pasé por este ciclo depresivo, mi hermana de sangre me ayudó mucho a superarlo, y entre sus consejos estaba este, me pidió que tomara un cuaderno y todos los días antes de empezar la rutina me conectara con Dios. 

En ese cuaderno no solo escribí mis motivos de oración sino que en medio de ese devocional diario que tenía, Dios me reveló el Salmo 18:6 “En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos”. 

No hay nada humano que nos pueda liberar de la depresión que no sea el clamor y la búsqueda de Dios. 

Por eso debemos motivarles y animarles a buscar a Dios, las demás cosas son añadiduras, pero lo principal es ser renovados en el espíritu, para que Dios actúe y transforme nuestras vidas. 

Animales siempre y muéstrale las bondades de Dios

Animarnos unos con otros también es una muestra de amor al prójimo. Cada vez que alguien esté pasando por un proceso emocional, no solo debes acompañarle sino también animarle en su vida. 

Con algunas personas, además de la oración, los debemos sacar de ese lugar que físicamente los tiene atrapado, enseñarles la bondad de la vida y como en medio de eso que siente, todavía la vida continua y hay muchos motivos y razones para seguir. 

No perdamos la empatía, ni los veamos como débiles, son personas y merecen el mismo amor, el mismo respeto y merecen ser animados por aquellos que estamos fuertes en la fe. 

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