“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”                                 

Lucas 11: 1 y 2.

En este pasaje Jesús nos enseña el modelo de oración ideal para comunicarnos con el Padre. Jesús sabía que había una forma ideal para acercarnos al Padre y es anteponiendo nuestros deseos y necesidades para primeramente adorarle e interceder por la expansión del Reino. Por ello, aquí explicaremos brevemente el modelo de oración y cómo acercarnos a hablar con el 

Reconociendo nuestra identidad

Lo primero que notamos en el modelo de oración, es que Jesús comienza llamando Padre a Dios. Esto es debido a que lo primero que debemos hacer al acercarnos a Dios es reconocer nuestra identidad de hijos, pues se debe cumplir su palabra cuando dice que el que se acerca a Dios debe creer que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. También, en Juan 1: 12 dice que a todos los que le recibieron y creen en su Nombre les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios.

Posteriormente, debemos reconocer su posición. Algunas veces nos acercamos a Dios simplemente cargados con nuestros problemas, creyendo que Dios está a nuestro mismo nivel, viendo las cosas como nosotros las vemos. Lo cierto es que nos olvidamos que Dios está en una posición más alta, viendo todo desde las alturas y por lo tanto tiene una perspectiva más abierta y clara de nuestra situación.

Proceder a adorarle

Normalmente, cuando estamos tan cargados y cegados por nuestros problemas, nos olvidamos que Dios es digno de recibir toda adoración, honra y gloria y solo nos acercamos para pedirle para nuestros deseos egoístas. Esto nos hace ver como unos hijos malcriados y malagradecidos, algo que sin dudas contrista el corazón de nuestro Dios.

Es por ello que Jesús nos indica que después de reconocer nuestra identidad y su posición, es necesario adorarle y reconocerlo por lo que Él es, pues es Santo y digno.

Interceder por la expansión del Reino

 El contraste que existe entre esto y las muchas oraciones que hemos oído es realmente muy grande. Por lo general, cuando no seguimos los designios de nuestro corazón, ¿qué pedimos? «Oh Señor, bendíceme, bendice mi familia, mi congregación, mi pueblo, mi país,» y al final pedimos por la extensión de Su Reino. Eso sí, en ese caso nos acordamos de orar por la expansión de su reino.

No obstante, el Maestro comienza donde nosotros terminamos. Es decir, el mundo primero y mis necesidades personales después, es el orden que se sigue en esta oración. 

Lo que Jesús nos enseña es que cuando mi oración ha cruzado todos los continentes y las islas más lejanas de los mares, después que ha incluido al último hombre de la raza menos civilizada, después que ha expresado por completo el deseo y el propósito de Dios para el mundo, entonces solamente es cuando se me enseña que pida un pedazo de pan para mí.

Tomemos lo siguiente como reflexión que el mismo Jesús antepuso la salvación del mundo entero antes de su misma vida. Por lo tanto, Él también nos pide que antepongamos su Reino por sobre nuestras necesidades. Por ello, en su palabra indica que busquemos primeramente el Reino de Dios y su Justicia y que todo lo demás vendría por añadidura.

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