Isaías 41: 13 “Porque YO soy Señor tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: ¡No temas, yo te ayudaré! 

En oportunidades, el temor se ha vuelto un terrible compañero. Deseamos avanzar en proyectos, pero la duda, la incredulidad y el temor, en ocasiones nos paralizan. 

A veces, el temor llega y nos deja paralizados, sin capacidad de actuar, o razonando de una manera equivocada. 

Siempre he admirado a las personas que son capaces de lanzarse de una lancha, en el mar abierto y nadar sin ningún miedo. O aquellas que se suben a una montaña rusa, y luego bajan muertos de risa. 

Creo que todas esas personas han experimentado de una u otra forma ser libres de sus miedos. Para ser sincera, hay ciertas cosas que no hago por miedo, pero aplaudo a quienes se atreven a realizarlas. 

Puede que parezca un ejemplo muy sencillo, pero así funciona nuestra vida terrenal, embaucados por el temor, nos dejamos condicionar y en ocasiones no avanzamos hacia lo que nuestro espíritu anhela. El temor a que una enfermedad nos termine consumiendo, nos nubla la fe. 

El temor a una nueva relación, nos hace vivir solteros de por vida, y el medio al fracaso que puede suponer emprender, nos deja siempre viviendo de un salario. 

Ahora bien, veamos cómo podemos vivir confiados en medio del temor. 

Dice la biblia en el Salmo 27:3 “Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón, aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”. 

Cuando hablamos de temor nos referimos a ese suplicio que todo ser humano experimenta, pero que se hace anormal cuando lo experimentamos de por vida. Jesús jamás experimentó temor, porque él sabía en quien confiaba. 

Cuando leemos la palabra en Isaías, ese capítulo 41, habla de cómo Dios concede la victoria sobre su pueblo Israel, pero ese versículo que mencioné al principio es una de las promesas más hermosas, que Dios destina para nuestras vidas. 

Dios siempre se colocará como nuestra fuerza y nuestro valor; tal y como lo dice el versículo, él es quien nos sostiene con su mano derecha y nos hace caminar por tierra firme, por lo que no deberíamos caminar en temor, si estamos confiados en Dios. 

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