2 de Timoteo 2:2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. 

Dios, en definitiva selecciona o llama personas que Él considera que pueden guiar a otros en la fe. Muchas de estas personas no eran de familias religiosas y muchos de ellos nunca pensaron en ser portavoces del mismo Dios, pero sin duda, todos aceptan los mandatos y el llamado, ya que es su propósito de vida. 

Tener una persona que puede llegar a interpretar la palabra, llega a tanto y llama la atención de los oyentes. Y es que la enseñanza debe ser impartida por el mismo hombre que acepte a Dios en su corazón, cuerpo y mente. 

Las cualidades de un mentor no se miden solo por lo que dice, sino por lo que hace. Hasta dónde es capaz de llevar su propósito amoldado a la voluntad de Dios. Un mentor sufre por las inquietudes y dolencias de sus hermanos, los ayuda, prepara y capacita para crecer en los caminos de la verdad. 

Debemos aprender para comprender

Filipenses 4:9. Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. 

Estas palabras de Jesús fueron marcadas en los corazones de cada uno de estos hombres, esto nos enseña de que todo lo que hizo el hijo de Dios mediante obras, conversaciones y milagros, debe ser recibido como una forma de aprendizaje. Debemos tener la misma compasión, sabiduría y alegría que tenía Jesús en cada momento. 

Hay personas que nos enseñan detalladamente, con ejemplos y relatos bíblicos, para aportarnos ese punto de vista que tuvo que tener Jesús en un momento determinado de vida, cuando enseñaba sobre  la palabra de Dios.

Un mentor comparte todo lo que proviene de Dios

Hechos 4:32. Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían.

Es impresionante reflexionar que los primeros creyentes de Jesús compartían absolutamente todo, sentían que eran completamente hermanos de sangre, aunque muchos no se conocían. Pero es que se consideraban hermanos por seguir el hijo de Dios, aquel que nos dio la vida y el poder de elegir la salvación eterna. 

Las enseñanzas son muy sencillas, pero nos cuesta poder ejecutarlas. Es por eso que los primeros creyentes creían y sentían lo mismo, porque para ellos no entregar el 100% a sus hermanos lo sentían un acto completamente egoísta. 

Dios nos ha dado todo, por lo que nada de lo que tenemos es de nosotros, sino de Dios. Así que si es de Dios debemos compartirlo con todas las personas que nos rodean.

Un mentor restaura y cuida vidas

2 Corintios 13:11. En fin, hermanos, alégrense, busquen su restauración, hagan caso de mi exhortación, sean de un mismo sentir, vivan en paz. Y el Dios de amor y de paz estará con ustedes.

Aquí nos indica que debemos restaurarnos, algo que debemos ir haciéndolo todos los días como una rutina, con esto demostramos ser agradecidos con Dios; y también con nuestro entorno. Él nos aconseja vivir en paz con cada una de las personas y que seamos de un solo sentir con nuestros amigos y familias.

Si seguimos todas estas enseñanzas, Dios nos dará una bendición muy grande y un regalo más, que es la paz y el amor tan grande que nos provee todos los días. Al tener paz y amor con nuestros hermanos, sentiremos más cercanía con Dios. 

Debemos ser felices con ellos, las enseñanzas deben ser impartidas con gran sensibilidad y con gran comprensión, como lo hace al igual Dios con nosotros. 

La cualidad del mentor es interesante, porque su misión se basa en edificar la vida de quienes le rodean, con amor verdadero y genuino, a fin de poder restaurar sus vidas para siempre por medio de la palabra. 

Un mentor debe practicar todo aquello que provenga del amor

En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes 1 de Pedro 3:8

Resalta este versículo lo impactante que puede ser el amor. Dios nos incita a que tenemos que compartir los buenos momentos y los malos también, ya que todos necesitamos de ese abrazo que nos calienta y nos apacigua en un mal momento. 

Nadie se puede considerar un verdadero mentor si no tiende una mano amiga la necesitado, esa es la práctica de amor más sincera y verdadera. 

El texto bíblico nos habla de ese amor que es completamente de hermandad, donde nos podemos divertir, como también nos podemos sentir orgullosos de los logros de nuestros propios hermanos. 

Es cierto que el amor de Dios engloba absolutamente todo, pero por eso nos ha dado hermanos, para que siempre que necesitemos un apoyo, una opinión, estén ellos para ofrecer con gran humildad y con completa comprensión.

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