Estamos en la era de la tecnología y el día de hoy esta puede considerarse como un gran aliado para el avance de la sociedad. Pero cuando no somos maduros, no comprendemos su verdadero valor, nos dejamos envolver por ella, y nos volvemos personas cada vez más frías en todos los aspectos. 

Detente por un momento y ponte a pensar en el tiempo que le dedicas a tu celular, a las redes sociales, o el tiempo que pasas conectado a internet. Si esto es más del tiempo que tienes o que pasas con tu pareja, tus hijos, o tu familia, entonces algo estás haciendo mal. 

En los últimos tiempos hemos visto cómo la adicción a los aparatos tecnológicos no ha robado lo más preciado y es el tiempo de amor y compartir con quienes nos rodean. Vamos a un restaurant, y la foto del plato es más importante que saborearlo, estamos en una reunión familiar, y actualizar nuestro perfil es más importante que conversar. 

Estamos en casa, y darle el móvil a nuestro pequeño para que se quede quieto es más sencillo que jugar con él y divertirse, y así poco a poco esta conducta nos va frivolizando. 

Pero qué decimos de la relación con Dios, no hay duda que estamos en una sociedad violenta, rápida, fugaz. Una sociedad que pareciera que no tuviera descanso, y podemos pasar muchas horas navegando en una red social, pero no dedicar ni dos minutos a la oración. 

Todo esto sucede, y después nos preguntamos, ¿Qué pasó?, ¿Qué hice mal?. Muchas personas no verán esto como pecado, pues realmente no lo es, pero si debemos verlo como algo que nos está robando en esencia lo que somos. Es hora de tener un equilibrio, es hora de comenzar desde cero. 

Veamos lo que dice la biblia en 1 de Corintios 10: 23Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica.

En otra versión dice: “Se dice: «Uno es libre de hacer lo que quiera.» Es cierto, pero no todo conviene. Sí, uno es libre de hacer lo que quiera, pero no todo edifica la comunidad”.

Con este versículo podemos apoyar aún más lo que estamos viendo. Que la tecnología en sí no es el problema, sino más bien el trato que nosotros le damos a la misma. Podemos volvernos adictos a ella, podemos pasar horas en nuestras redes sociales, pero debemos en un momento detenernos a pensar, ¿nos conviene?, ¿nos edifica?

Muchos pequeños salen a la calle temerosos, desprovistos, o inseguros, pues no han logrado desarrollarse o relacionarse con los demás, pues como padre hemos preferido dejarlos en sus cuartos, conectados a un móvil, una pc, o un videojuego. 

Es hora de tomar la batuta en este caso, es hora de pedirle al Señor que haga algo por nuestras vidas. Es hora de dejar a un lado el móvil cuando nuestros hijos nos hablan. Es tiempo de asumir la responsabilidad que tenemos, y no permitir que cosas tan domésticas y tan vanas nos vuelvan tan fríos. 

Somos libres de hacer lo que queremos, pero siempre pregúntate algo, ¿Realmente me conviene?

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