Romanos 8:1-2Ahora pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”

Existe una nueva vida para todos aquellos que determinan estar en el lugar correcto entendiendo el inmenso valor de desarrollar una vida espiritual conforme al diseño original expresado por Dios a través de su hijo Jesucristo.

Ninguna condenación.

Es increíble la cantidad de personas que viven sumergidos bajo esta condición, “la condenación”. Alguien condenado no tiene oportunidades, se queda sin opciones, no logra tener aspiraciones porque su condición lo dejó sin proyección. La condenación te lleva al tormento.

La biblia nos enseña que ninguna condenación hay para aquellos que están en Cristo Jesús, es decir, una vida fuera de Cristo trae dolor, angustia y depresión, es como estar frente a varios caminos, pero no saber cuál tomar porque pierdes la capacidad de elegir lo correcto.

La condenación no tiene que ver con lo que otros puedan decir de ti, sino con aquello que se gesta en tu mundo interior, donde el rencor, la falta de perdón, la amargura y la culpa, son detonantes, que dan a luz la condenación la cual crea una trampa a tal punto de perder incluso el deseo de vivir.

Intervención divina

La condenación abre paso a la oscuridad. En el libro del profeta Isaías capítulo 50: 9-10 encontramos lo siguiente: 

“He aquí que Jehová El Señor me ayudará, ¿Quién hay que me condene? He aquí que todos ellos envejecerán como ropa de vestir, serán comidos por la polilla. ¿Quién hay entre vosotros quien teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová y apóyese en su Dios” 

No existe nada creado que pueda condenarte cuando toda tu confianza está puesta en Dios. En este pasaje podemos observar que el profeta se hace una pregunta y dice: ¿Quién hay quien me condene? la respuesta puede ser larga, tal vez en tu vida has atravesado fuertes situaciones y la condenación llegue a ti a través de un familiar, un amigo, alguien cercano, algo que hiciste que aún no te puedes perdonar, pero recuerda que ninguna condenación hay para lo que están en Cristo Jesús. Él te da una vida nueva, ten presente que El Señor envía su ayuda en el momento oportuno y esto no depende de ti sino de su gracia.

La experiencia de la gracia

Una mujer fue encontrada en el mismo acto de adulterio (Juan 8:3) ella estaba fallando a su relación matrimonial, a su hogar y a sí misma, la llevaron ante Jesús y le preguntaron, qué debían hacer ya que, según la ley de Moisés, estaba escrito que ante una situación como esa, lo correcto era apedrearla hasta morir según el libro de Levítico 20:10. 

Imagina por un momento a esta mujer, la cual de manera violenta fue quitada de los brazos de aquel hombre extraño, desnuda, a la fuerza, en contra de su voluntad, tal vez la amenazaban con insultos mientras le advertían lo que venía en su contra, lo cual era lógico porque estaba escrito y era ley.

Una vez estando frente a Jesús, sus acusadores (los escribas y fariseos) quienes reconocen a Jesús como un maestro, le hacen la pregunta del millón de dólares; Tú pues, ¿Qué dices? (Juan 8:5)

Este es el momento donde todo se pone en tu contra y la única esperanza que tienes es la palabra que sale de la boca de Dios para tu vida.

La respuesta que estos hombres recibieron del maestro no se la esperaban, “el que de vosotros esté libre de pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” Juan 8:7. 

Tras unos minutos de silencio, la mujer que de seguro se encontraba con los ojos cerrados frente al paredón, se da cuenta que después de las palabras de Jesús, no siente en su cuerpo ningún impacto alguno, comienza a abrir lentamente los ojos y observa que no hay nadie, que los acusadores no están, que solo hay piedras en el suelo, pero están lejos de ella.

No sabemos cuánto tiempo llevaba esta mujer con su vida desordenada, pero se puede observar que lejos de Jesús la condena te persigue, los acusadores te merodean hasta atraparte y hacer de ti un guiñapo.

Lo que las tinieblas no saben, es que cuando te acercas a Cristo, no importa la manera, la causa o el antecedente, lo que verdaderamente importa es que al lado de Jesús nadie puede condenarte. Tal vez haya situaciones que te han llevado a Jesús de la manera más incómoda, momentos donde tu fallaste, pero una vez a su lado, tu cambio es inevitable.

De maestro a Señor

Juan 8:10-11 “enderezándose Jesús y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más”

Esta mujer fue testigo la mayor expresión de gracia en medio de un momento de tormento. Es que no hay otro momento mejor que este para que puedas experimentar lo que tu Señor tiene para ti. 

Quizás esta mujer había escuchado hablar de Jesús, tal vez lo conocía como el maestro que enseñaba bonitos mensajes, que se encontraba dentro de los templos ayudando a personas buenas, pero nunca a alguien tan pecador como yo. Ten presente algo: “Jamás eres tan malo como para no recibir su amor inagotable”

Desde ese día, el maestro dejó de ser maestro y a partir de ese momento, en el que le llamó Señor, ella hizo de él su Salvación. Jesús no te condena, así como tampoco te quiere dejar en el mismo igual, en la misma situación. Necesitas apartarte de aquello que quiera traer condenación a tu vida, determinarte a no hacerlo más y apoderarte de la nueva vida que Dios tiene diseñada para ti. No esperes más, ese día es hoy. 

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