Para este escrito vamos a leer 2 de Timoteo, especialmente en su capítulo 4, que dice “14 No dejes de usar las capacidades especiales que Dios te dio cuando los líderes de la iglesia pusieron sus manos sobre tu cabeza. El Espíritu Santo habló con ellos y les ordenó hacerlo.

Indudablemente, Dios siempre coloca sobre nuestras vidas dones, talentos, o unciones especiales que nos ayudan a avanzar en  nuestra vida de fe. El problema es que a pesar de que lo identificamos, a veces lo descuidamos. 

Descuidar es abandonar, o dejar de darle falta de atención a eso que Dios nos ha entregado. Esto puede ser una responsabilidad, una atención, o cualquier otra  cosa que el señor nos haya entregado. 

El sistema hoy en día ha sido creado para distraernos, incluso, nos ha hecho personas frívolas e incrédulas que no creen ya ni en los milagros de Dios. Distraernos es perder lo que Dios nos ha entregado, y vivir de la forma más insípida posible. 

Dios nos ha entregado dones y talentos y sabemos que la única forma de expandirnos en ellos, es siendo diligentes, buscando siempre esforzarnos, y no descuidándolos. El secreto de grandes futbolistas, es que estos mantienen una disciplina día tras día, no descuidan el talento que les ha sido entregado. 

Como hombres y mujeres de Dios no podemos descuidar los dones que Dios ha colocado sobre nosotros, debemos trascender en ellos. Hay personas que Dios ya les ha dado un llamado, de pastores, salmistas, evangelistas, o líderes, pero estos terminan descuidando lo que Dios les ha entregado, y se pierden. 

Tu habilidad espiritual es un Don y no lo puedes descuidar.

Romanos 12: 6 Dios nos ha dado a todos diferentes capacidades, según lo que él quiso darle a cada uno. Por eso, si Dios nos autoriza para hablar en su nombre, hagámoslo como corresponde a un seguidor de Cristo. 7 Si nos pone a servir a otros, sirvámosles bien. Si nos da la capacidad de enseñar, dediquémonos a enseñar. 8 Si nos pide animar a los demás, debemos animarlos. Si de compartir nuestros bienes se trata, no seamos tacaños. Si debemos dirigir a los demás, pongamos en ello todo nuestro empeño. Y si nos toca ayudar a los necesitados, hagámoslo con alegría.

Cuando no cuidamos los dones que Dios nos ha entregado, estos pueden quedar hundidos por las cosas irreverentes o superficiales de este sistema.

Descuidamos lo de Dios cuando dejamos de orar, dejamos de servir, dejamos de predicar, cuando la pasión se extingue, cuando nuestra vida queda sumergida en cosas vanas, y no buscamos más al señor con todas nuestras fuerzas. 

Debes siempre saber cuál es tu Don, y por medio de la oración y la conexión con el espíritu santo, pedirle al señor que reactive tu don. Este será un nuevo comienzo de frescura y llenura del espíritu santo para tu vida. 

Santiago 1: 17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras”.

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