Efesios 4: 32 Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Muchas personas que decimos “seguir a Dios” olvidamos ciertos preceptos y mandamientos que el Señor establece en su palabra, como una manera de vivir plenos, y uno de ellos es el perdón. Al parecer, hoy en día es más fácil vivir con el rencor o no aceptar el perdón. 

Día tras días vemos como relaciones se quiebran a falta del perdón, incluso, hay muchas personas que dicen “perdonar”, pero sus corazones están llenos de rencillas, o no terminan de sanar relaciones. 

Hermanos, matrimonios, amigos, quiebran relaciones por falta de perdón, pues la ofensa les causó tanto mal, y tanto dolor que prefieren no continuar el camino del perdón. Sin ni siquiera saber que el daño lo causan a ellos mismos. 

Cuando hablamos de un concepto de rencor en el ámbito psicológico, podemos hacer referencia a esa forma de resentimiento férreo, donde se vuelve imposible desaparecer por la gravedad de las heridas que experimenta el alma. Todo esto trae como consecuencia ira, rechazo, rabia, y mucho malestar. 

Incluso, cuando perdonamos debemos hacerlo de forma sincera, genuina, no guardando ninguna ofensa, o herida en nuestro corazón, olvidándonos de cualquier mal que nos han causado. 

No perdonamos cuando sobreponemos nuestro orgullo 

Romanos 12: 16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.

Millones de veces he visto personas que solo manifiestan un pensamiento tan cuadrado que su orgullo los hace perder todo enfoque de perdón. Prefieren quedarse con la herida y argumentar desde su propia lógica, y no permitir que el espíritu santo sane todo su corazón. 

Es muy difícil caminar bajo este enfoque, pues no solo perjudicamos nuestro corazón sino que también podemos perderla fe en Cristo. 

En ese versículo de Romanos que te mencione, hay una versión que dice “No se crean que son los únicos que saben” y es que una puerta que le cierra el poder al perdón es esa manía de razonar de manera lógica, sin dejar que sea Dios que actúe y quebrantar nuestro corazón. 

Y entonces argumentamos diciendo que la herida que nos han causado es demasiado fuerte, que no hay manera de soportar tal dolor, que todo lo que nos han hecho era algo inmerecido, y puede que tengamos razón, pero es mejor vivir mil veces desde la libertad del perdón, que siendo oprimidos por el rencor. 

No perdonamos porque vivimos desde la cárcel del odio 

Proverbios 10: 12El odio crea discusiones el amor perdona todos los errores.

Cuando hablamos de odio, hacemos referencia a esas personas que viven desde el resentimiento, rencor, o sentimientos que producen enemistad y rechazo, lo que nos genera malestar. 

A pesar de lo incomodo que es vivir así, muchas personas desean vivir desde la cárcel del odio para no aceptar el perdón ni perdonar. El odio es uno de los sentimientos más difíciles de sobrellevar como seres humanos, incluso es el primer causante de discusiones entre personas y del quiebre de relaciones. 

Debemos perdonar como Dios nos perdono 

Colosenses 3: 12 A ustedes Dios los amó y los eligió para que sean su pueblo santo. Por eso, vivan siempre con compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. 13 No se enojen unos con otros, más bien, perdónense unos a otros. Cuando alguien haga algo malo, perdónenlo, así como también el Señor los perdonó a ustedes.

Como lo vemos en las escrituras, una de las formas de manifestar el perdón es entendiendo que Dios nos perdona primero a nosotros. Si somos escogidos por Dios, debemos manifestar la bondad, la humildad, y la compasión con otros. 

Todos debemos perdonar a los demás de la misma manera en la que Cristo vino por el perdón de nuestros pecados. 

Incluso, debemos comprender que el perdón puede ser visto como la muestra de la fe. Sé que perdonar no es fácil, pero todos debemos acudir al Señor a pedirle que nos ayude a sanar y perdonar a los demás. 

Antes del odio, la venganza, y el resentimiento, debemos anteponer el perdón, de esta manera viviremos desde el precepto de la libertad. 

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