¿Qué celebramos? ¿Qué buscamos? La historia de Jesús va mucho más allá del pesebre, es una vida llena de amor, misericordia y compasión. Muchas personas aún no comprenden el verdadero sentido de tan importante nacimiento, como la vida entera de la humanidad cambió con un hecho tan importante.

Una de las cosas que más me agrada recordar del pesebre es que Dios nos entregó un regalo tan completo que no se logra ni explicar con exactitud. Jesús aun desde su nacimiento fue el cambio que tanto necesitaba el hombre para conocer realmente a Dios. 

Celebramos la llegada de Dios en la tierra, la llegada de nuestro modelo a seguir y por sobre todas las cosas, la llegada de El Salvador. 

Un gran anuncio para María y la humanidad

Cuando leemos Lucas 1 del 28 al 33 encontramos una narración interesante sobre el nacimiento. El ángel Gabriel además de dar una noticia hace una expresiva exclamación de la importancia que traería dicho nacimiento. 

Desde un principio se denota que Jesús sería grande, que su propósito sería trascendental, pero esto no solo era de ahora, fue el seguimiento de un anuncio dado por el profeta Isaías.

Isaías 7:14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. 

Es así como esta hermosa historia ya estaba planificada mucho antes de que pudiera suceder, Dios ya tenía las líneas escritas, pues todo tenía un mismo fin, un acto de amor genuino para la humanidad. 

¡Un rey os ha nacido! 

Lucas 2:7 nos da referencia del humilde y sencillo nacimiento de Jesús. Un rey os ha nacido, muchos esperaban quizás una grandeza, pero desde un principio Dios demostró que sus planes eran diferentes a los pensamientos del hombre. 

Por ello se hace tan interesante ver más a profundidad cómo sucedieron los hechos. Jesús nació en un pesebre, no había lugar para ellos, aun así el cielo y la tierra celebraron su llegada.

Lucas 2: 13-14 Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de huestes celestiales, que alababan a Dios y decía:

¡Gloria al Dios de las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombre!

Los ángeles habían anunciado a los pastores el nacimiento de El Salvador, cantaban y adoraban por la llegada de Jesús, aun los pastores, certificaron y anunciaba tan importante hecho, pues ellos mismo habían ido a certificar y llenarse de gozo al ver a Jesús, María y José en el pesebre.

Belén se había convertido en la cuna que recibió a Jesús, pues Dios así lo había determinado. 

En Lucas 2:25 al 35 vemos como Simeón certifica el nacimiento de Jesús, siendo movido por el Espíritu declara unas palabras que anuncian el proceso de Jesús en la tierra. Anunciaba que sus ojos habían visto la salvación, pues ya el espíritu santo le había revelado que no partiría del mundo sin conocer al ungido. 

Además, dentro de su profecía denotaba como el niño sería luz para la revelación de los gentiles y la gloria de su pueblo Israel. 

Más allá del pesebre

Cuando pienses en el nacimiento de Jesús, recuerda que es una historia que va mucho más allá del pesebre, un acto por el que tú y yo hoy somos salvos y podemos estar más cerca del padre. Jesús no quedó en el pesebre, la vida, muerte y resurrección son la garantía plena de nuestro cambio y transformación. 

En vida, vimos un hombre completo buscando siempre desde muy temprano su cercanía con el padre. Siendo Dios no escatimo convertirse en hombre y cumplir el propósito de salvación, camino y anduvo con nosotros, con la humanidad, conoció la tentación, la compasión y la misericordia por quienes le rodeaban. 

Asimismo, nos mostró el poder de la fe y por sobre todas las cosas el amor. Su transitar es modelo a seguir para nosotros, el dominio propio y la autoridad son claves para vivir en la tierra. 

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