«Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús». Marcos 10:49-50

Bartimeo era un hombre ciego conocido por todos. Siempre se sentaba en el mismo lugar, pedía limosna a todo el que pasaba y tal vez conversaría con algunos. Cuando este ciego se enteró de que Jesús estaba cerca, comenzó a llamarle a gritos. La gente hizo todo lo posible para que se callara, pero fue imposible. Él había escuchado sobre los milagros que hacía el Señor y no quería dejar pasar su única oportunidad de ser sanado.

Cuando Jesús se detuvo y mandó llamarle, leemos que Bartimeo “arrojó su capa” y le ayudaron a ir a su encuentro. Es importante notar que no dice que “dejó” su capa, sino que la arrojó lejos. ¿Por qué lo hizo?

La palabra capa en griego es himation y era la vestimenta que necesitaba para sobrevivir. Parece ser que en tiempos bíblicos se podía tomar la túnica de una persona como fianza, pero nunca la capa porque era indispensable. Algunos comentaristas han dicho que la capa de Bartimeo incluso tenía una inscripción que decía “ciego” para que los transeúntes lo supieran y estuvieran dispuestos a ayudarle con limosnas.

Bartimeo arrojó lo único que tenía, lo que le identificaba como menesteroso y se dirigió a Jesús. Esa acción nos habla de su fe. Él estaba seguro de que recobraría la vista. El hijo de Timeo fue sano y también salvo. Jesús le dijo que podía irse tranquilo porque su fe le había salvado, pero en vez de irse a su casa, siguió a Jesús en el camino (v. 52).

Y tú, ¿qué tienes que dejar para venir a Jesús? ¿Qué te impide dar ese paso de fe? ¿Qué te mantiene atado? ¿Qué debes “arrojar lejos”?

Puede ser que tu “capa” sea el temor y la duda que no te dejan ver la realidad espiritual. Tal vez sean tus recuerdos. O quizás tu formación familiar o religiosa que te impide creer en lo que te dice Jesús.

Estoy seguro que sabes muy bien los pasos que debes dar para poner toda tu confianza en Él. No tengas temor, “arroja tu capa”, levántate y pon tu fe en marcha.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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