“También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.” Juan 16:22.

Muchas veces Jesús les anunció a sus discípulos que era necesario que Él muriera pero también que iba a resucitar. Parece que sus seguidores estaban confundidos y no podían sobrellevar este anuncio, sus ojos espirituales estaban velados. Ahora Jesús iba a ser entregado para ser sentenciado en pocas horas y el tiempo de tristeza estaba por comenzar. Tres días de angustia, soledad, desesperanza, desamparo. Pero sería temporal.

El cumplimiento total de este anuncio tuvo lugar en la resurrección y a partir de allí desaparecieron todos esos sentimientos de tristeza para dar lugar al gozo permanente. Ya nunca más los discípulos de Jesús estarían solos, perdidos, sin esperanza ni dirección. Saber que Cristo vive para siempre implica que el gozo también lo es. De hecho, ¡Jesús mismo era su gozo! Aun si había alguna tristeza de que el Señor ascendiera a los cielos, envió a su Espíritu Santo para que morara dentro de ellos y mantuviera ese gozo en sus corazones.

Jesús dijo que nadie nos quitará nuestro gozo. La frase es absoluta: Nadie. Nada externo a nosotros puede apagar lo que Él ha encendido en nuestro corazón. Pueden venir situaciones extremas, momentos difíciles, tribulaciones, angustias, sin embargo, el gozo no se va. ¿Cómo es posible?

No debemos confundir la alegría con el gozo. La alegría es circunstancial, el gozo de Jesús no es un sentimiento, es una virtud, así como lo son el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23). Si el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, y hasta la templanza fueran meros sentimientos, los perderíamos constantemente. Realmente son virtudes que produce el Espíritu de Dios en nuestra alma, fortalezas en nuestro carácter, el fundamento que motiva nuestra conducta. Según los comentaristas bíblicos, el gozo es el deleite permanente del corazón como resultado de una calidad de vida basada en la eterna y segura relación de hijo con el Padre Celestial. Cuando las circunstancias lo ameritan, hay manifestaciones externas de ese gozo interno.

Cuando Jesús es nuestro gozo, tenemos una seguridad constante de saber que Él tiene el control de lo que sucede a nuestro alrededor, que Él se encarga de nuestras necesidades y que cada detalle de nuestra vida está seguro en sus manos. Incluso Jesús, dos versículos más adelante, nos dice que nuestro gozo se cumplirá al ver las respuestas de nuestras oraciones: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.” (v. 24).

¿Estás experimentando el gozo de Jesús? Recuerda que viene como resultado de la obra del Espíritu en tu carácter. Afirma tu fe diariamente en la Palabra de Dios, escucha su voz en tu corazón, toma tiempo para estar en su presencia, permítele que llene tu alma constantemente y no dejes que nada ni nadie te quite tu gozo.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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