Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan… Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Juan 21:5. 9.13

Jesús fue abandonado por los discípulos en sus momentos más críticos. Después de que Judas le traicionara, los que habían prometido seguirle hasta la muerte huyeron. Pedro le negó, Tomás estaría dudando sobre qué hacer, Simón el Zelote, que se suponía era el más valiente, no hizo nada a favor de su Maestro.

Para empeorar las cosas, los discípulos volvieron a sus tareas de pescadores olvidando todo lo que les había dicho el Señor. ¿En serio Jesús quería transformar el mundo con estas personas? Sin embargo, Él los fue a buscar al lago donde estaban pescando… bueno, tratando de pescar, e hizo algo inesperado: les preparó un desayuno.

¡Qué amor inquebrantable el de Jesús! ¡Hacerles un desayuno a estos “amigos”! ¿Qué hubiéramos hecho nosotros? Hum… tal vez si cayeran algunos carbones encendidos sobre la barca aprenderían algo… Si soplara el viento Euroclidón podrían despertar. O quizás recapacitarían si un gran pez los retuviera en su vientre por algunos días como a Jonás… Pero no, Jesús tiene otro corazón. Él es perdonador por naturaleza y no puede negarse a sí mismo.

Este desayuno fue restaurador. El Señor compartió la comida y un tiempo íntimo con ellos. Todos podían ver en los ojos de Jesús su perdón. Su mirada desprendía amor y misericordia. Una sola mirada del Maestro era suficiente para recordarles que sus planes seguían en pie. ¡Hasta Pedro fue restaurado después de haberle negado!

Muchas veces no estamos tan lejos de la realidad espiritual de los discípulos. Durante las presiones le abandonamos, no le hemos creído a la hora de actuar con fe, le negamos más de una vez para salvar nuestro pellejo. Sin embargo, su amor nunca cambia. Nos sigue perdonando y levantando. ¡Gracias Jesús!

Hoy el Señor quiere “desayunar” contigo. Quiere recordarte lo valioso que eres. Que no te ha olvidado. Puede ser que te hayas alejado del Señor, sin embargo, Él sigue extendiéndote sus manos para levantarte.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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