1 de Juan 2:9-10

El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.

De todos los atributos de Dios, el amor es uno de los más hermosos, porque está en él y nos los transfiere a nosotros para que también nosotros amemos. Amar es una marca que identifica a los hijos de Dios porque ciertamente los que le han conocido y lo obedecen aman.

En este texto se nos anima a amar a nuestros hermanos, entendiendo que esto va más allá de los que comparten nuestra sangre. Y este amor, el apóstol lo presenta como un reflejo de los que verdaderamente están en Dios. 

En tinieblas V-9

En el versículo 9 se establece algo claro, no se puede estar conforme a Dios si nuestro corazón aborrece a nuestros hermanos. El apóstol muestra como es falsa la relación con Dios que algunos profesan, si se filtra por este lente de amor, que está enlazado al mandamiento de amar al prójimo como a sí mismos.

La biblia presenta a la iglesia como un cuerpo, una familia muy grande, donde el Señor es la cabeza y el amor hacia él, une a todos en casa. La palabra aborrecer bajo estos términos de familia no encaja, podemos aborrecer el pecado, pero nunca debemos aborrecer a uno de nuestros hermanos.

Aborrecer en su significado original va mucho más allá de no estar de acuerdo, significa despreciar, odiar, al punto de tener intenciones maliciosas contra otro, aun cuando no allá razón. Es justo a la luz de esto, que el apóstol asegura que quien tiene este sentimiento por un hermano sigue en tinieblas.

Dentro del cuerpo de Cristo podemos llegar a tener diferencias en pensamiento, carácter, personalidad y muchos otros factores, pero nada de esto justifica aborrecer a otro hijo de Dios. “Colosenses 3:13-15” nos llama a soportarnos unos a otros, dando por hecho que no siempre estaremos de acuerdo en todo.

Pero, todo aquel que está en luz, siempre verá a sus hermanos por los ojos del amor, tolerando sus fallas, siendo paciente, corrigiendo y edificando sin intención de hacer daño. Quien ataca a sus hermanos, los juzga, humilla, ridiculiza o intenta hacerles daño, de alguna manera no ha conocido a Dios.

El que ama V-10

El que ama a su hermano vive en luz, no porque cumpla con una condición, sino porque ha entendido que esto es lo que a Dios le agrada y lo practica. El que ama a su hermano reconoce sus propios errores y por eso entiende las fallas de sus semejantes para así no juzgarlos ni maltratarlos.

El amor real comienza en casa, si alguien no puede amar a aquel que comparte su misma fe, ¿cómo amará a los que aún no conocen a Jesús? Y más aún, si no amamos a aquellos que vemos, menos amaremos al Padre que no es visible físicamente. El amor por nuestros hermanos resulta ser un filtro de nuestra comunión. 

Un reflejo de cuanto le conocemos

Entre más amemos a nuestros hermanos, más notorio será nuestro amor por el Padre, porque el mejor ejemplo de amor por los suyos fue el Señor Jesús que dio hasta su vida por amor a otros. Toleró las fallas de sus discípulos, les perdono su abandono, los aconsejo, los cuidó y les dio más de una oportunidad.

Nunca procuró el daño para ninguno de ellos, por el contrario, solo busco hacerles bien, así que de la misma manera espera el Señor que amemos a nuestros hermanos, porque de no hacerlo no le habremos conocido a él.

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