2 de corintios 9:7

“Que cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.”

La biblia está llena de principios, algunos expresados en consejos, otros en mandatos y otros en las vivencias de sus protagonistas. El principio del Dar está a lo largo de toda la escritura, trata el corazón del hombre respecto a la generosidad y es un tema que muchas veces crea controversia.

El dinero y la fe no siempre llegan a concordar, siendo esta una de las razones por las cuales muchos dudan en acercarse a una iglesia o congregación. Pero, la biblia es clara respecto al tema y el asunto no se trata de dinero, sino de la disposición de corazón para honrar a Dios con todo lo que tenemos.

Se da de corazón

En el antiguo testamento se estableció el diezmo donde la décima parte de lo que cada uno producía era llevado como ofrenda al templo. Los sacerdotes comían de ello, el principio representaba que se honraba a Dios, reconociendo que todo cuanto se poseía provenía de él.

En el nuevo testamento el principio sigue vigente, pero al igual que con otros, el Señor Jesús lo amplía. “Lucas 6:38” lo explica, ya no se limita solo al 10 %, sino que el mandato es a Dar con generosidad de corazón.

38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. 

Todo hombre de Dios debe saber que esto no se trata de las cantidades que alguien puede dar, sino del ánimo y el compromiso con el que se hace.  Dios no necesita dinero, pero cuando de nuestros ingresos ofrendamos le estamos diciendo a Dios que él está por sobre todas las cosas y que el dinero no es nuestro Dios.

El dar no se resume solo en la ofrenda, sino en una disposición genuina de corazón a ser bondadoso. El que entiende que Dios es su proveedor comparte de todo cuanto tiene, se prepara con disposición de ayudar al necesitado y se preocupa con desinterés sin esperar nada a cambio. 

¿Cómo no se debe dar?

Hay dos puntos clave donde el principio se violenta, el primero es cuando se hace de mala gana, esto conlleva a que la persona murmure, juzgue al necesitado o cuestione el principio. El dar debe ser genuino y producir alegría en quien da aún más que en quien recibe. 

Si se comparte dinero, ropa, tiempo o alimentos con una persona, la iglesia, nuestra familia o cualquier otra institución y no sentimos agrado en hacerlo, no hay verdadero amor en ello. Cuando se hace por obligación pasa lo mismo, incluso llega a ser ofensivo para con Dios.

Como ya lo dijimos, Dios no necesita dinero, solo quiere ver que nuestro corazón sea generoso. Pero, algunos creen que si dan grandes cantidades serán lavados sus pecados o comprarán un lugar en el cielo, y esto no lo conseguirá jamás, ni el dinero, ni el hacer obras de caridad.

No se puede dar por obligación, ni para ser vistos por los demás, o será un acto vacío y sin agrado a Dios. El dar genuino nace, haciendo que queramos honrar a Dios y que sintamos amor por el necesitado, llevándonos a actuar con bondad.

Dios bendice al que da

2 de Corintios 9: 10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

Curiosamente, el dar es un principio que está acompañado de una promesa y es que Dios bendice al que da con alegría. El Señor se complace en aquellos que son generosos y se alegran al poder compartir lo que tienen con otros, aunque tengan mucho o poco, por esto los prospera.

Mantén tu corazón siempre dispuesto a Dar recordando que primeramente honras a Dios y que esto es muestra de que amas de la misma forma que amo Cristo.

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