1 Pedro 5:7

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”

Hay una historia que cuenta que había 4 hombres caminando del campo en dirección al mercado con una gran carga en sus manos. Dios en apariencia de un señor  se acerca al primer hombre y le pregunta, ¿Quieres que te ayude con tu carga? A lo que él respondió, en un momento llego, tranquilo, se adelantó y dejó al señor atrás.

Al segundo hombre el señor se le acercó y le dijo, ¿Quieres que te ayude? A lo que el hombre respondió, no señor, muchas gracias, pero si me acompaña estaría bien. Entonces, Dios iba conversando con el hombre, mientras él llevaba su carga hasta que llegaron a su destino.

Dios se acerca al tercer hombre y le pregunta, ¿Quieres que te ayude con tu carga?, a lo que el hombre responde: Si, por favor. Acto seguido, le da la carga al señor y unos pasos más adelante le dice, permíteme ayudarte nuevamente y el hombre carga con su peso otra vez. 

Más adelante, conversando, el hombre le dice, señor, por favor ayúdame otra vez y el señor le vuelve a quitar la carga al hombre. Así llegaron ambos al destino  intercambiando la carga durante todo el trayecto.

Al cuarto hombre Dios le preguntó, ¿Quieres que lleve tu carga?, a lo que el hombre le respondió, sí señor, me sería de gran ayuda. Acto seguido, le entregó la carga y fue con el señor hablando por todo el camino, de tal manera que hasta se olvidó de la carga que llevaba, pues el señor iba haciendo un buen trabajo.

Cuando ya se acercaban al mercado, el hombre le dijo al señor que el paquete que llevaba era para Don Francisco y que por favor se lo entregara. Dios, desde luego lo entregó tal y como se lo pidieron.

Toma un momento para reflexionar respecto a con qué persona de esta historia te identificas. ¿Serás como el primer hombre que rechazó toda ayuda de parte de Dios? ¿Serás como el segundo hombre? Este aunque no aceptó su ayuda, si aceptó su compañía. ¿Acaso eres como la tercera persona? Él, sí aceptó la ayuda de Dios, pero solo por momentos.

Lo ideal, es que seas como la cuarta persona, que se olvidó totalmente de su carga, disfrutó de su compañía y sobre todo, le confió su carga para que la llevara con el destinatario. No obstante, como seres humanos nos es muy difícil ser como la cuarta persona. Esto es debido a que constantemente nos consideramos autosuficientes.

Incluso, le podríamos hasta llegar a considerar como confianzudo al cuarto hombre. Pero, esto es precisamente lo que Dios quiere de nosotros, que aprendamos a confiar plenamente en Él y a descansar en su presencia. Esto implica echar todas nuestras cargas, preocupaciones y ansiedades en sus manos, para que sea Él quien se encargue de todo.

Lo más hermoso del versículo, es que culmina diciendo que Dios tiene cuidado de nosotros. Esto debería de permitirnos aumentar nuestra confianza en Él, pues estarás dejando tus cargas en alguien que quiere lo mejor para ti. No se trata solo de que dejaremos nuestras cargas sobre Él, sino de que Él se ocupará de ayudarte a resolverlas. ¡No creas que Dios se olvidará de ti y de lo que has dejado en sus manos!

¡Dios te ama en sobremanera! ¡Él tiene cuidado de nosotros y quiere bendecirte! No obstante, muchas veces somos nosotros mismos quienes limitamos la mano de Dios, al no querer entregar nuestras cargas. Esto pasa cuando nos creemos autosuficientes y pensamos que podemos enfrentar todo solos. Pero, es allí cuando las cosas comienzan a salir mal.

Por ello, hoy la invitación es a que reconozcas tu debilidad y que no podrás solo. Igualmente, deberás reconocer que Dios si tiene el poder para ayudarte en cualquier necesidad que tengas y que está esperando que entregues tus cargas para ayudarte. Recuerda, ¡Dios tiene cuidado de ti y te ama!, por lo tanto, estará dispuesto a ayudarte en lo que necesites.

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