Lucas 15:16-17

“El joven llegó a tener tanta hambre que hasta las algarrobas con las que alimentaba a los cerdos le parecían buenas para comer, pero nadie le dio nada. »Cuando finalmente entró en razón, se dijo a sí mismo: “En casa, hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡y aquí estoy yo, muriéndome de hambre!”

Este texto es parte del pasaje en el que Jesús narra la parábola del hijo pródigo, quien perdió todo lo que tenía por culpa de sus malas decisiones. El joven llegó al extremo de encontrarse tan necesitado y hambriento, que la comida de los cerdos le parecía buena para comer.

Es así como muchas veces nos encontramos, queriendo comer de la comida de los cerdos. Es decir, anhelando algo vano o que no tiene para nosotros ningún valor en el tiempo, pero que a causa de nuestras malas decisiones, ahora deseamos aunque sea eso.

Sin embargo, continúa el versículo 17 narrando que el joven cuando finalmente entró en razón su perspectiva fue otra. Este momento fue clave en la vida del hijo pródigo para tomar más adelante una buena decisión. De la misma forma, muchas veces es necesario que nosotros también entremos en razón y nos demos cuenta de lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado o de lo que ha prometido.

Es esto lo que nos ayuda a salir del hoyo de la desesperación en el que nos encontramos como consecuencia de nuestras malas decisiones. De esta manera, podrás dejar de desear las cosas vanas, para comenzar a tomar buenas decisiones.

Quizás puedas pensar, ¡Pero yo oro, leo la Biblia y me mantengo cerca de Dios! Entonces, ¿Por qué me encuentro en esta situación? Es que, aun haciendo estas cosas, no nos exime de tomar malas decisiones, pues tenemos libre albedrío.

 Son estas malas decisiones las que nos llevan al lugar de los cerdos. No obstante, el punto de inflexión, o que nos permite cambiar de rumbo, es precisamente entrar en razón. La forma de hacerlo, es conociendo lo que Dios quiere para tu vida y determinándonos a seguirlo.

Por ejemplo, no es justo que desees solo un minuto de paz y tranquilidad, cuando Dios quiere para ti una eternidad de paz. Tampoco se justifica que sacrifiques todo en tu vida por un minuto de alegría o placer, cuando Dios quiere brindarte un gozo y felicidad completa y eterna. No es posible que mendigues un trozo de pan, cuando Dios quiere que te sientes a la mesa con Él para disfrutar de un banquete.

No se trata de riquezas materiales, sino de que Dios quiere para ti mucho más de lo que has pensado para ti mismo. Esto es porque Él anhela sacarte de entre los cerdos, para así como más adelante al hijo pródigo, darte vestidos nuevos y una gran fiesta de bienvenida.

Recuerda, en la presencia de Dios, todas tus necesidades son cubiertas, comenzando por tus necesidades esenciales como seres humanos, lo cual es la vida. Precisamente, vida eterna es lo que ofrece Dios. Por ello, hoy, la reflexión es que tomes un momento para entrar en razón y piensa:

¿Qué está anhelando mi corazón? ¿Mis anhelos son la comida de los cerdos o cosas vanas? ¿Estoy tomando en cuenta lo quiere Dios quiere para mí?

Es el momento de que si tu corazón se ha desviado por malas decisiones, te determines hoy a volver a Dios, porque como al hijo pródigo, tu Padre te espera con los brazos abiertos. ¡No esperes más!.

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