Romanos 9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, refiriéndonos los unos a los otros. 11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. 15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándose con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 17 No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres

Nunca se nos puede olvidar nuestra esencia como Cristianos, o por lo menos lo que dice la biblia que deben ser nuestros deberes como personas que creen en Dios, y en su amado hijo Jesucristo. 

Lo primero que debemos entender es que nuestro entendimiento se renueva cada día por medio del poder del evangelio. Ya no vivimos para nosotros, sino que Cristo vive en nosotros. 

Es por eso que lo primero que debemos hacer, es ser personas humildes ante el padre, no teniendo un alto concepto sobre nosotros mismos, más que el propio. Es decir, en la vida de ningún creyente puede existir vanidad, o pensamientos incontrolados de superioridad. 

Seguir siempre lo bueno, y aborreced lo malo. 

Otra de las características que deben estar en nosotros, es la búsqueda siempre de la bondad infinita de Dios. Debemos aborrecer todo aquello que nos aleja de Dios, la maldad, las trampas, y el engaño, y caminar de forma sabia por las sendas de justicia. 

Aborreced lo malo es ir en contra incluso de palabras negativas, de lenguaje anti fe, de acciones que hacen contristar al espíritu santo, de mentiras, de todo aquello que sabemos que nos aleja de Dios. 

Dejar de ser perezosos. 

Y esto no solo en el ámbito personal, sino también en el espiritual. Debemos dejar de ser personas lentas para leer la biblia, para orar, para buscar el rostro de Dios. 

A veces queremos que Dios haga milagros en nuestras vidas, pero no somos capaces de orar ni dos segundos. Queremos que el Señor nos sorprenda, pero no podemos ni siquiera pasar 10 minutos intimando en su palabra. 

Queremos que Dios nos bendiga, queremos que DIOS nos guarde, que nos cubra, y él en su infinita misericordia lo hace, pero no somos personas fervientes en el Espíritu. 

Gozosos, sufridos y constantes. 

Ante todo, un seguidor de Cristo debe ser una persona gozosa en la esperanza, que sepa esperar el tiempo de Dios, y a que aprenda a ver más allá de su condición terrenal. El gozo en la salvación eterna, el gozo en la esperanza, el gozo de seguir sus pasos, que el evangelio no le sea una carga en ningún momento.  

Que si bien somos sufridos ante la tribulación, así como el mismo Jesús fue atribulado por medio del acto de la cruz, pero manteniendo la constancia en la oración. 

Uno de los máximos deberes de nosotros como creyentes es mantenernos siempre orando, esto nos dará una visión más clara, y nos permitirá ser fortalecidos en Dios. Pasarán muchas tormentas, pero la gente de oración sabe quien es Dios. Y él permanecerá para siempre. 

Ser empáticos con los que nos rodean. 

Esto es esencial en la vida del cristiano, entender a cada persona que Dios nos coloca al lado, pues gozar con los que gozan, y llorar con los que lloran. 

Debemos caminar con esta visión, de amar a nuestro prójimo por encima de cualquier cosa, incluso de bendecir a todos. Que la compasión de nosotros pueda ser tan extensa, que podamos practicar también la hospitalidad a quienes nos rodean. 

¡Humildes, siempre humildes! 

Si algo debemos desarrollar como gente de fe es la humildad. No podemos pasar nuestra vida pensando y creyendo que tenemos la razón, o ser sabios en nuestra propia opinión, eso no nos lleva a nada. 

Ante todo, debemos ser personas sencillas, humildes, de gran corazón, que podamos fácilmente llevar el amor de Dios a otros. Nunca creyéndonos superiores, siempre con ese carisma de hacer el bien, de amar a los demás, y lo que es mejor, sin esperar nada a cambio pues nuestra infinita recompensa siempre vendrá del cielo. 

En este caso, siempre debemos pedirle a Dios que trabaje nuestro carácter, nuestra vida, nuestra forma de relacionarnos. Por mucho que hayamos avanzado en la fe, por mucho que tengamos, para Dios todos somos iguales, y así debemos vernos. 

Está en paz con todos. 

No vivas del rencor, no pienses en lo que te hicieron, no critiques ni murmures contra tu hermano así este haya fallado. Deja todo en manos de Dios, y ora para que sea el mismo DIOS intercediendo en tus asuntos. 

Estar en paz con todos es no permitir que el rencor, la rabia, el dolor, a causa de algo que nos hayan hecho, se mantenga vigente en nuestras vidas. Procura estar bien con todos, siendo empático, manifestando el amor, la paz, la templanza, y la mansedumbre. 

Sigue al señor en todos sus preceptos y mandamientos, y verás como la paz del Padre vendrá sobre tu vida de forma sobrenatural. Vivir bien es vivir perdonando, vivir sin rencillas en el corazón. 

Un cristiano no puede ser una persona tóxica, un cristiano debe dejarse transformar por el SEÑOR en todo su carácter. Un Cristiano sabe cómo doblegar a sus emociones, y sabe vivir bajo el dominio de Dios. 

Por último, como personas debemos entender que no somos perfectos, que caminamos bajo la sombra de DIOS, y que nuestras debilidades solo pueden ser fortalecidas en la presencia del padre. 

No podemos condenarnos cuando fallamos, pero si podemos correr apresuradamente al trono de Dios, para que él en su infinita misericordia pueda extender la gracia sobre nuestras vidas. 

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