La debilidad espiritual es un estado en el que nos sentimos lejos de Dios, sin fuerza ni ánimo para seguir su voluntad. Además, esta es una condición que afecta a muchos cristianos en algún momento de su vida, y que puede tener graves consecuencias para nuestra relación con el Señor y con los demás.

Pero, ¿Qué causa la debilidad espiritual? ¿Cómo podemos evitarla o superarla? Pues bien, en este artículo vamos a ver algunas de las causas más comunes de la debilidad espiritual, y cómo podemos enfrentarlas con la ayuda de Dios y de su Palabra.

No escudriñar e internalizar la Palabra de Dios 

(Hebreos 5:12-13, 1 Pedro 2:2)

Una de las causas de la debilidad espiritual es no escudriñar e internalizar la Palabra de Dios. Tomemos en cuenta que la Biblia es el alimento espiritual que nos nutre, nos fortalece, nos corrige y nos guía. Sin ella, nos quedamos sin dirección, sin discernimiento, sin crecimiento y sin defensa contra el enemigo. 

El escritor de Hebreos reprocha a sus lectores por no haber avanzado en el conocimiento de la Palabra, y por ser aún “niños en cuanto al entendimiento” (Hebreos 5:13). Por el contrario, Pedro nos exhorta a “desechar, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2). 

Si queremos ser fuertes espiritualmente, debemos dedicar tiempo y esfuerzo a estudiar, meditar y aplicar la Palabra de Dios a nuestra vida. Esta es la única forma en la que podremos estar capacitados para enfrentar los ataques del enemigo.

Las influencias negativas 

(Gálatas 5:9)

Otra causa de la debilidad espiritual es dejarnos influenciar negativamente por el mundo, la carne o el diablo. Estas tres fuerzas nos atraen hacia el pecado, la mentira y la rebelión contra Dios. 

De hecho, Pablo advierte a los gálatas que “un poco de levadura leuda toda la masa” (Gálatas 5:9), refiriéndose a la falsa doctrina que se había infiltrado en la iglesia. Del mismo modo, nosotros debemos cuidarnos de no contaminarnos con las malas compañías, las modas mundanas, las tentaciones carnales o las dudas satánicas que pueden debilitar nuestra fe y nuestra comunión con Dios. 

Recordemos que Dios nos llama a ser “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mateo 5:13-14), no conformarnos a este siglo, sino transformarnos por la renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2).

Distracciones de la carne 

(Mateo 26:41)

Una tercera causa de la debilidad espiritual es distraernos de las cosas de Dios por las cosas de la carne. Al respecto de ello, entendamos que la carne es nuestra naturaleza pecaminosa que nos inclina al mal y nos aparta del bien. De hecho, fue por ello que Jesús dijo a sus discípulos en el huerto de Getsemaní: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41). 

Los discípulos se durmieron en vez de orar, y luego huyeron cuando vieron que arrestaban a Jesús. Con ello, se evidenció lo débil que estaba su carne al no obedecer a Jesús cuando les pidió que velaran.

Nosotros también podemos caer en la debilidad espiritual si descuidamos la oración, la alabanza, el ayuno, la adoración y otras disciplinas espirituales que nos mantienen conectados con Dios. Por ello, debemos negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir a Jesús (Mateo 16:24).

Tentaciones que nos atacan 

(Juan 18:18)

Una cuarta causa de la debilidad espiritual es sucumbir a las tentaciones que nos atacan, y este se trata de la prueba o el estímulo que nos induce a hacer lo que sabemos que está mal. Sin embargo, si bien todos somos tentados, pero no todos resistimos. 

La Biblia nos dice que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). 

No obstante, a veces no buscamos la salida que Dios nos ofrece, sino que nos dejamos llevar por el deseo, el orgullo, la ira, la envidia o cualquier otro pecado que nos aleja de Dios. Un ejemplo de ello es Pedro, quien negó a Jesús tres veces por temor a los que le rodeaban (Juan 18:18). 

Nosotros también podemos negar a Jesús con nuestras palabras o con nuestras obras si no somos fieles en las tentaciones. Por ello, debemos estar alertas y firmes en la fe, resistiendo al diablo (1 Pedro 5:8-9).

Las pruebas que desafían nuestra fe 

(Santiago 1:2-3)

Las pruebas son las situaciones difíciles o dolorosas que nos sobrevienen en la vida, y que ponen a prueba nuestra confianza en Dios. Algunas de estas son el resultado de nuestras malas decisiones, otras son el fruto de la maldad del mundo, y otras son el medio que Dios usa para purificarnos y perfeccionarnos. 

Sea cual sea el origen de las pruebas, debemos enfrentarlas con gozo, sabiendo que producen paciencia y madurez en nuestra fe. De hecho, Santiago nos dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3). 

No debemos perder la esperanza ni la alegría en medio de las pruebas, sino confiar en que Dios tiene un propósito y un plan para nuestra vida. De igual modo, debemos considerar a Jesús, que sufrió por nosotros, y no desmayar en nuestro ánimo (Hebreos 12:3).

No saber discernir 

(1 Corintios 2:14-16)

El discernimiento es la capacidad de juzgar con rectitud y sabiduría las cosas que nos rodean, según el criterio de Dios. Entendamos lo siguiente, sin discernimiento, podemos ser engañados, confundidos, manipulados o seducidos por el enemigo o por el mundo. 

De hecho, Pablo contrasta al hombre natural, que no recibe ni entiende las cosas del Espíritu de Dios, con el hombre espiritual, que juzga todas las cosas, y tiene la mente de Cristo (1 Corintios 2:14-16). Es decir, que, si queremos ser fuertes espiritualmente, debemos desarrollar el discernimiento, pidiendo a Dios que nos dé sabiduría, y examinando todo a la luz de su Palabra. También, debemos probar los espíritus, si son de Dios, y no creer a todo espíritu (1 Juan 4:1).

En conclusión, la debilidad espiritual es un problema que podemos evitar o superar si nos mantenemos cerca de Dios y de su Palabra, nos apartamos de las influencias negativas. También, si nos enfocamos en las cosas de arriba, si resistimos las tentaciones, si gozamos en las pruebas y si ejercitamos el discernimiento. Recordemos que Dios quiere que seamos fuertes en Él y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10). 

Todos los derechos reservado a APLICACIONES CRISTIANAS