Lucas 11: 24 »Cuando un espíritu maligno sale de una persona, pasa por lugares secos. Busca dónde quedarse a descansar, pero no encuentra nada. Entonces el espíritu dice: “Voy a volver a la casa de donde salí”. 25 Al llegar se da cuenta de que está limpia y ordenada. 26 Entonces va y trae a otros siete espíritus peores que él y se van a vivir allí. Al final, esa persona queda peor de lo que estaba antes».

En la versión reina Valera, dice que el espíritu inmundo vuelve a una casa, es decir, a una mente que esta barrida y adornada, esperando que las tinieblas actúen y hagan de la suyas, por así decirlo. 

Una vez nosotros hemos aceptado a cristo, lo hemos buscado, hemos caminado basados en su presencia, debemos pedirle que sea el Señor que continúe habitando en nosotros, porque una vez que negociamos nuestra fe, podemos dejar nuestra casa vacía dejando que las tinieblas operen. 

Todos tenemos que tener muy claro que el enemigo no habitará ni ocupará una mente que día tras día cuida y protege sus pensamientos por medio de la oración y la búsqueda de Dios. 

El enemigo solo tiene la capacidad de actuar en mentes vacías, lejanas el Dios vivo, aquellas que permiten que las tinieblas operen a través de ella. 

Por ejemplo, el enemigo no tienta un hombre para ser infiel, es el mismo hombre el que va poco a poco añadiendo pensamientos adúlteros en su corazón, hasta que esto que ha alimentado lo lleva a pecar. Es decir, el espíritu inmundo lo encuentra perfectamente vacío para pecar. 

Blinda tu espíritu y tu mente 

2 de Corintios 10: 4 dice “4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. 

La biblia dice que las armas de nosotros no son carnales, si así lo fuera no tendríamos el poder de derribar las fortaleza que nos asechan. Todos debemos de una u otra forma, mantenernos alerta, y llevar nuestro pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. 

A través de la oración, la intimidad con el padre, el buscar siempre su presencia, es lo más importante para no permitir que el enemigo haga habita en nosotros. Es por eso lo importante de cuidar nuestra vida de fe, para no terminar pereciendo. 

Si descuidamos cosas tan elementales como estas, estamos dejando un campo abierto para que lo malo opere en nuestras vidas y esto no proviene de Dios. 

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