Cuantas veces nos hemos encontrado en un desierto del cual pensamos que no tenemos salida y del que queremos salir corriendo, pero que mientras más intentamos dejarlo, pareciera que Dios nos meta más en ese lugar. 

En la biblia, en el libro de éxodo, luego que, Moisés escondió al 

Egipcio que mató. 

Matar al egipcio era el acto de “intentar ayudar a Dios.” Le salió mal la jugada, pero muy bien a Dios. Tuvo que huir hacia el desierto. Note que no “huyó del desierto” sino “hacia el desierto”. Tuvo que huir al desierto, el desierto representa crisis. No es que Dios le gusta las crisis, pero si le gusta la dependencia, por eso es que a veces Dios se hace aliado a los desiertos. 

En el desierto a Moisés le toco cuidar ovejas y en la biblia Dios nos compara con ovejas, es irónico ver  que Dios nos asemeje con un animal como las ovejas… ¿Por qué? Porque son de los pocos animales “dependientes” que existen. En los desiertos necesitamos aprender a ser dependientes al Señor como las ovejas lo son con su pastor.

En el desierto seamos como ovejas buscando su pastor

Veamos algo, no hay ovejas salvajes, sino que las ovejas son animales totalmente dependientes. Necesitaba Dios encontrar la manera en cómo hablarle hombre terco como Moisés, porque hay personas que a veces son tan tercas para escuchar a Dios que El Señor no tiene otro remedio que hacerse aliado de los desiertos para hablar a esos tercos corazones. La biblia cita un pasaje hermoso en el Salmo 42: 1-2 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” En los desiertos hay necesidad de clamar por agua, en el desierto no reniegues de Dios, ni te quejes de la situación, al contrario clama porque su dirección llegue a tu vida.

Es muy cierto que, nada es más frustrante para ti que ser alguien a quien Dios pareciera que está “crucificando”. Muchos decimos Señor ¿por qué yo? ¿por qué a mí? Pero la biblia dice en Romanos 6:6 que: “Sabemos que nuestra vida de antes murió con Cristo en la cruz para que fuera destruido lo que desea pecar dentro de nosotros y dejáramos de ser esclavos del pecado.” En realidad, todos anhelamos de Dios bendiciones, añadiduras, promociones, pero nadie quiere una crucifixión o un desierto para su vida, pero déjame decirte algo los desiertos son necesarios porque son la plataforma de formación para nuestra promoción. 

Moisés lo quiso hacer a su manera, en su fuerza y habilidad natural. Tienes que ser amplio de mente y corazón para abrazar el cambio al que Dios te está llevando. Moisés quiso traer justicia por sus propias manos y fue descubierto. Éxodo 2:11-15. Vas a tener que vivir un tiempo con lo que has hecho, es por eso que debes tener cuidado con lo que haces. Si hasta hoy has hecho las cosas mal, entiende que en Dios encuentras gracia y perdón pero hay cosas que tienes que construir.

Moisés tuvo que abandonar toda la comodidad del palacio y huir por lo que hizo. Después de todo, el valiente no fue tan valiente porque la carne es cobarde y después de fallar lo primero que queremos es huir, pero aun en nuestra debilidad Dios aparece para mostrarnos algo y para ayudarnos. Moisés fue al desierto, a huir, pero también fue a renovarse, fue a encontrarse consigo mismo y con su creador.

Debemos aprender que no siempre los desiertos son malos, pues su palabra dice  2 Corintios 12:9 pero él me dijo: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo.

Tan solo nos basta en medio del desierto confiar en la gracias y poder del Señor, seamos como ovejas dependientes al padre para que su poder se manifieste en medio de nuestras debilidades y lo que un día parecía un desierto fuerte un proceso grande, se convierta en el sitio de nuestra promoción.

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