La oración es una de las formas más poderosas de comunicarnos con Dios y de recibir sus bendiciones. Sin embargo, no todas las oraciones son iguales, pues hay algunas que tienen un impacto especial en el corazón de Dios y que mueven su mano a favor de sus hijos. 

Una de esas oraciones fue la de Ana, la madre del profeta Samuel, quien era una mujer estéril que anhelaba tener un hijo, y que recurrió a Dios con una oración ferviente y sincera. Pero, ¿Qué hizo que su oración fuera tan efectiva? ¿Qué podemos aprender de ella para mejorar nuestra propia oración? 

Pues bien, en este artículo, vamos a ver los pasos que siguió Ana para hacer una oración como la de ella, y cómo podemos aplicarlos a nuestra vida.

    1. Con amargura de alma (1 Samuel 1:10)

El primer paso que vemos en la oración de Ana es que ella expresó su dolor y su tristeza a Dios con toda sinceridad. De hecho, la Biblia dice que Ana “oraba a Jehová, y lloraba con amargura” (1 Samuel 1:10). 

Es decir, Ana no se guardó nada, sino que le abrió su corazón a Dios y le contó su problema, y no fingió estar bien, ni se conformó con su situación, sino que buscó a Dios con desesperación. Esto nos enseña que Dios quiere que seamos honestos con él, y que le digamos lo que nos aflige y lo que necesitamos. 

Recordemos que Dios no se ofende por nuestras lágrimas, sino que se compadece de nosotros y nos escucha con amor.

   2. Con un llanto de angustia (1 Samuel 1:10)

El segundo paso que vemos en la oración de Ana es que ella clamó a Dios con intensidad y con pasión. Esto lo encontramos en el mismo capítulo que el anterior, el cual indica que Ana “hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía” (1 Samuel 1:13). 

Ana no se limitó a decir unas palabras frías y rutinarias, sino que derramó su alma ante Dios con un llanto de angustia. Además, ella no se distrajo con nada, sino que se concentró en Dios y en su petición. 

Esto nos enseña que Dios quiere que le hablemos con fervor y con fe, y que no nos conformemos con una oración superficial y mecánica. Toma en cuenta que Dios no se aburre de nuestras súplicas, sino que se agrada de nuestra perseverancia y de nuestra confianza en Él.

   3. Ofreciendo votos (1 Samuel 1:11)

El tercer paso que vemos en la oración de Ana es que ella hizo un voto a Dios, comprometiéndose a consagrarle su hijo si le concedía su deseo. Esto lo podemos encontrar en ese mismo capítulo donde indica que Ana “hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza” (1 Samuel 1:11). 

Es decir, que Ana no solo pidió un hijo, sino que ofreció un hijo, pues ella no solo buscó una bendición, sino que prometió una devolución. Esto nos enseña que Dios quiere que seamos generosos y agradecidos con Él, y que no pidamos solo para nosotros, sino también para su gloria. 

   4. Con persistencia (1 Samuel 1:12)

El cuarto paso que vemos en la oración de Ana es que ella insistió en su petición hasta que tuvo una respuesta. De hecho, la Biblia dice que Ana “estuvo orando delante de Jehová largo tiempo” (1 Samuel 1:12). 

Ana no se cansó de orar, ni se dio por vencida, sino que continuó buscando a Dios hasta que el sacerdote Elí le dio una palabra de bendición. Además, ella no se desanimó por las burlas de su rival Penina, ni por el malentendido de Elí, sino que se aferró a la promesa de Dios. 

Esto nos enseña que Dios quiere que seamos persistentes y pacientes en la oración, y que no dejemos de pedir hasta que recibamos. De igual modo, aprendemos que Dios no se molesta por nuestra insistencia, sino que se conmueve por nuestra humildad y esperanza.

   5. Entregando el corazón (1 Samuel 1:13)

El quinto paso que vemos en la oración de Ana es que ella entregó su corazón a Dios, confiando en su voluntad y en su poder. Incluso, en el versículo 13 del mismo capítulo, la Biblia dice que Ana “respondió: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una hija de Belial, porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora” (1 Samuel 1:15-16).

Es decir, que Ana no se defendió de la acusación de Elí, ni se enojó con él, sino que se humilló ante Dios y le explicó su situación. De igual modo, no se rebeló contra Dios, ni le reclamó nada, sino que se sometió a su soberanía y le agradeció su bondad. 

   6. Con el alma (1 Samuel 1:15-16)

El sexto paso que vemos en la oración de Ana es que ella oró con el alma, poniendo todo su ser en su comunión con Dios. La Biblia dice que Ana “hablaba en su corazón” (1 Samuel 1:13) y que “había derramado su alma delante de Jehová” (1 Samuel 1:15). 

Esto implica que Ana no oró solo con la boca, ni solo con la mente, sino con el alma, y no oró por cumplir, ni por aparentar, sino por amar. Esto nos enseña que Dios quiere que oremos con el alma, dando lo mejor de nosotros en nuestra relación con él. Asimismo, Dios no se conforma con nuestras palabras, ni con nuestros pensamientos, sino que desea nuestro corazón y nuestra adoración.

   7. Con fe en las promesas de Dios (1 Samuel 1:18)

El séptimo y último paso que vemos en la oración de Ana es que ella creyó en las promesas de Dios, y se llenó de paz y de alegría. Incluso, más adelante, en el versículo 18 se dicta lo siguiente: “se fue su camino, y comió, y no estuvo más triste” (1 Samuel 1:18). 

Esto implica que Ana no dudó de la palabra de Elí, ni se angustió más, sino que se fió de Dios y se alegró en él. De igual modo, ella no esperó ver el resultado, ni se desesperó por el tiempo, sino que vivió por la fe y por la gratitud. 

Esto nos enseña que Dios quiere que creamos en sus promesas, y que nos gocemos en su presencia. Asimismo, aprendemos con su desenlace que Dios no nos defrauda, ni nos abandona, sino que cumple su palabra y nos bendice.

¿Cómo puedo aplicar estos pasos a mi vida diaria?

  • Busca un tiempo y un lugar adecuados para orar, donde puedas estar tranquilo y concentrado en Dios.
  • Exprésale a Dios tus sentimientos, tus necesidades, tus deseos y tus problemas, sin ocultarle nada ni avergonzarte de nada.
  • Pídele a Dios lo que quieres, pero también ofrécele lo que tienes, y comprométete a hacer su voluntad y a glorificar su nombre.
  • No te rindas si no recibes una respuesta inmediata, sino que persevera en la oración, confiando en que Dios te escucha y te ama.
  • Reconoce que Dios es soberano y sabe lo que es mejor para ti, y agradece su bondad y su gracia en todo momento.
  • Ora con todo tu ser, con tu mente, con tu corazón y con tu alma, y adora a Dios con sinceridad y con pasión.
  • Cree en las promesas de Dios, y vive por la fe y por la esperanza, gozándote en su presencia y en su paz.

Conclusión

La oración de Ana fue una oración ejemplar, que nos muestra cómo podemos acercarnos a Dios con sinceridad, con pasión, con generosidad, con persistencia, con humildad, con amor y con fe. Por lo tanto, si seguimos estos pasos, podemos estar seguros de que Dios nos escuchará, nos responderá y nos dará lo mejor para nosotros. Así que no dejemos de orar, ni de imitar a Ana, una mujer de oración. Que Dios te bendiga.

Todos los derechos reservado a APLICACIONES CRISTIANAS