2 de Corintios 9: “10 Dios es quien da la semilla al que siembra y el pan al que se alimenta. De igual manera, les dará a ustedes muchas semillas y las hará crecer para hacer una gran cosecha de justicia de ustedes.

Siempre he creído que gran parte de nuestra vida se basa en una ley de siembra y cosecha; es decir, que muchas de las cosas que recibimos se deben a lo que por tiempo hemos sembrado. 

Por ejemplo, nadie siembra naranja, para cosechar uvas; pues la semilla que siembra con un buen cuidado, es lo que va a terminar germinando. 

Ahora bien, como personas debemos saber que el Señor coloca en nuestras vidas muchas semillas, la primera es la semilla de la palabra que ha sido insertada en nuestras vidas; pero ¿estamos cuidando esa semilla?

Lo segundo es que Dios nos hace, o nos forma como personas sembradoras en todo tiempo, y más en su reino. De una u otra forma siempre debes sembrar algo en esta vida. 

Por ejemplo, si estás en tu casa, debes saber que para mantener relaciones sanas, debes sembrar tiempo, amor, esfuerzo, y así sucesivamente, para lograr una unidad perfecta en el hogar. Todo lo contrario si siembras rencillas, discusiones, desapego y falta de perdón, pues sabremos que los resultados de tu cosecha serán otros. 

No digas: ¡No tengo nada que dar! 

Gálatas 6: 9 No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Cuando hablamos de siembra, no podemos contextualizarnos solo al plano económico, tú eres un depósito de semilla y si haces una evaluación interna, deberás ver que tienes mucho para dar. 

Puedes dar de tu tiempo a otros, puedes sembrar amor, bondad, fe, esperanza, oración y perdón a quienes te rodean. Incluso, mantener una vida de agradecimiento a Dios también es una semilla. 

Tal vez no lo sepas, pero incluso cuando hacemos sonreír a otros, estamos haciendo un acto de amor y de siembra, y esto es algo que marcará siempre transcendencia. Entonces, siempre vas a tener algo que dar a los demás, solo debes tener claro lo que tienes y como puedes bendecir a otros, con lo que Dios ha depositado en tu vida. 

No mezcles tus semillas 

Deuteronomio 22: 9 No plantes tu viñedo con otra semilla que no sea de uva. Si así lo haces, quedará prohibido el uso de todo ese producto del campo, tanto el grano como la uva.

¿Qué sentido tiene mezclar la semilla que Dios ha depositado en nuestras vidas?, y cuando hablo de mezclar se trata de dejar a un lado lo que sabemos que viene de parte de Dios, para usar nuestro humanismo. 

Dios te ha dado un hogar, debes saber que para mantenerlo necesitas oración, tiempo, dedicación y amor. Si mezclas esta semilla, con el afán o la codicia de tener dinero, de alcanzar tus propios sueños, o de desorden, comprenderás que no tendrás la familia que anhelas. 

Por darles un ejemplo, hay mujeres que Dios las bendice con la semilla o el fruto de un hijo, pero ante la llegada de su hijo muchos sueños quedaron sin cumplir, hay quienes sacrifican la crianza de sus pequeños, por esos logros o sueños que no alcanzaron y así viven su vida, hasta que el espíritu de rechazo toma la vida de sus pequeños. 

Cuando Dios nos ha dado una semilla, no podemos hacer mezclas. No podemos mezclar la luz de la palabra de Cristo, con la filosofía humanista; no podemos hacer mezclas con lo que el espíritu santo ha depositado en nosotros. 

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