Todo padre anhela que sus hijos tomen un buen camino, ya sea que ellos conozcan o no al Señor; ningún padre quiere ver a sus hijos en malos pasos. Algunos padres que han conocido al Señor creen erróneamente que la instrucción en el Señor es para una edad adulta y que ellos decidirán, pero la escritura nos dice otra cosa.

La palabra de Dios es tan útil para un anciano como lo es para un niño, solo que en cada edad se enseña de manera distinta. Presentarles a nuestros hijos el Dios en el que creemos es más que solo una opción, es nuestra responsabilidad, de la primera persona que un niño debería oír de Dios es de sus padres.

La tarea de instruir 

En toda familia son otorgados roles y funciones que se deben cumplir; cuando se está en la posición de Padre, no solo se tiene la tarea de amar y sustentar, sino también de instruir. Un gran porcentaje del conocimiento moral de un niño proviene de lo impartido por sus padres.

Es allí cuando entendemos que la educación es el factor secundario, lo más importante siempre será que lo han recibido dentro de casa. 

Esto no se limita a las normas de educación o respeto, si somos hombres de Dios, también es nuestra la tarea de que nuestros hijos puedan conocer a Dios. Muchos piensan que con llevar a los niños a una reunión congregacional ya cumplen con esta tarea, pero no es así. 

Un niño debe ser motivado a buscar a Dios a través de la oración, y de esta manera vamos a garantizar pequeños que en su espíritu son sanos. 

Los maestros infantiles enseñan principios bíblicos, pero los padres deben modelar con carácter y enseñanza diaria, qué es lo que a Dios le agrada y presentarles a sus hijos por qué enamorase de Jesús. Esta enseñanza no puede estar limitada a una clase de algunos minutos, por eso es tarea paternal.

Todo padre debe involucrar a sus hijos en su relación con Dios y enseñarle paso a paso la importancia de Dios en nuestras vidas. Cuando esto pasa no es necesario obligarlos a que asistan a la iglesia, ellos amaran ir a escuchar del Dios de sus padres y que también es su Dios.

La tarea no es sencilla, requiere paciencia, creatividad, autoridad y testimonio, porque no podremos pedirles a ellos que hagan algo que nosotros mismos no practiquemos. Lo maravilloso de esto es que es una tarea recompensada, porque si lo hacemos correctamente, ellos también crecerán amando al Señor.

Cuando crezcan 

Así como recordamos los buenos valores que nuestros padres nos impartieron, así también se recordará el camino de Dios en aquellos que lo reciben desde la niñez. “2 de Timoteo 3:14-15” habla de cómo este hombre había recibido enseñanza desde niño de parte de su abuela y su madre.

2 de Timoteo 3:14-15

14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.

Fue esto justamente lo que lo llevo a enamorarse profundamente de Cristo cuando escucho la predicación de apóstol pablo y luego terminó sirviendo al Señor al frente de una de sus iglesias. El evangelio tiene un efecto maravilloso en los niños y por extraño que parezca, estos llegan incluso a entenderlo y obedecerlo más rápido que los adultos.

Es el deber de todo padre el que sus hijos puedan conocer a Jesús y conocerlo de la manera correcta, enseñado con amor, no por imposición. Y ciertamente no podemos obligar a nuestros hijos a creer, pero así también estaremos libres de culpa sabiendo que hicimos lo correcto.

Recuerda

La tarea de que tus hijos conozcan a Dios es tuya, sin importar cuanto pueda estar aprendiendo en la iglesia el mejor modelo del carácter de Cristo eres tú. Ámalos, sé paciente, corrige e instruye, usa la creatividad y asegúrate de que ellos puedan entender por qué amas tanto a Jesús, porque así ellos también crecerán amándolo.  

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